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La falsa promesa del AUKUS

BERLÍN – La historia geopolítica de los últimos años muestra un despertar gradual de las democracias occidentales a la realidad de una China cada vez más ambiciosa y autoritaria. Los países europeos pasaron de competir entre sí por ser el mejor amigo de China a compartir la visión de este país como un desafío profundo y multifacético.

Por ejemplo, en cuestiones globales como el cambio climático, los gobiernos europeos ahora deben buscar un modo eficaz de colaborar con un socio difícil. En cuestiones económicas y tecnológicas como la inteligencia artificial, China se convirtió en un duro competidor. Y en lo referido a los derechos humanos, la democracia y el papel del Estado en la economía, ahora se la ve como un «rival sistémico».

Además de volverse más realistas en relación con China, los europeos también están involucrándose más con Asia. La delantera la llevó Francia, que en 2016 firmó un acuerdo para proveer a Australia submarinos diésel Barracuda, y alentó al resto de Europa a desarrollar una nueva estrategia para la región indopacífica. La postura francesa reciente respecto de China ha estado a años luz de la que mostraron el primer ministro británico Tony Blair, el presidente francés Jacques Chirac y el canciller alemán Gerhard Schröder, que en su momento apoyaron la anulación de un embargo de venta de armas a China de la Unión Europea y que se la catalogara como economía de libre mercado.

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