1

Asimetrías de Información y Políticas Económicas

El Premio Nobel de Ciencias Económicas fue otorgado este año a George Akerlof, de la Universidad de California en Berkeley, a Michael Spence, de la Universidad de Stanford, y a mí, por nuestro trabajo acerca de la "asimetría de la información". ¿En qué consiste ese trabajo y por qué lo realizamos?

Durante docientos años los economistas utilizaron modelos económicos simples que asumían que la información es perfecta, por ejemplo, que todos los participantes tienen el mismo transparente conocimiento de los factores relevantes. Ellos sabían que la información no era perfecta, pero tenían la esperanza de que un mundo con moderadas imperfecciones en la información sería semejante a un mundo con información perfecta. Nosotros mostramos que esa noción estaba mal fundamentada: incluso las pequeñas imperfecciones en la información podrían tener profundos efectos en la forma en la que se comporta la economía.

El Comité del Premio Nobel citó nuestro trabajo acerca de la "asimetría de la información", un aspecto de las imperfecciones causadas por el hecho de que distintas personas en un mismo mercado saben distintas cosas. Por ejemplo: el vendedor de un auto puede saber más sobre su auto que el comprador; quien compra un seguro puede saber más sobre sus posibilidades de tener un accidente (tales como la forma en la que maneja) que quien vende el seguro; un trabajador quizá sepa más acerca de sus habilidades que un patrón potencial; la persona que pide prestado tal vez sepa más sobre sus posibilidades de pagar un préstamo que quien otorga el crédito. Pero las asimetrías de la información son sólo una faceta acerca de las imperfecciones de la información, y todas ellas -incluso cuando son pequeñas- pueden tener fuertes consecuencias.

George Akerlof y yo fuimos compañeros de clase en el MIT a inicios de los años sesenta. Nos enseñaron los modelos estándares de esa época, pero nos pareció que no tenían mucho sentido. Esos modelos decían, de forma más bien simplista, que la demanda era igual a la oferta. Lo chistoso es que se podía enseñar a un perico a ser economista con simplemente repetir "oferta y demanda". Esto produjo curiosos resultados. Si la demanda de empleo era igual que la oferta, por ejemplo, no podría haber ningún desempleo.