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Un ataque a la OEA

CIUDAD DE MÉXICO – Estas últimas semanas han sido desafortunadas para América Latina. Además de los enormes terremotos que azotaron a Haití y Chile, una muerte provocada por una huelga de hambre en Cuba y la represión creciente contra los derechos humanos y la oposición en Venezuela también han sacudido a la región.

Para empeorar la situación, la región también ha presenciado un intento superficialmente absurdo, aunque realmente peligroso, de los países de la ALBA  –Cuba, Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Bolivia y Paraguay- para crear, con la aquiescencia de México, Brasil y Argentina, una organización regional con la exclusión de los Estados Unidos y Canadá. La esperanza es que este nuevo grupo sustituya en última instancia a la Organización de los Estados Americanos.

El 24 de marzo la OEA tendrá que decidir si reelige al diplomático y político chileno, José Miguel Insulza, como su secretario general. Debería, porque Insulza es probablemente la única figura que puede aprender de los errores de la OEA de los últimos cinco años, pero también corregirlos, y por consiguiente, salvarla del olvido.

La represión contra la libertad de prensa, el Estado de derecho y los procesos electorales en Venezuela –como han informado Amnistía Internacional, Human Rights Watch, y más recientemente, en un informe condenatorio de 300 páginas, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos- empeora cada vez más. La OEA únicamente puede intervenir en los asuntos internos políticos, electorales y de derechos humanos si la mayoría de sus miembros le da el mandato para hacerlo, y los países como México y Brasil están temerosos de provocar una disputa con Venezuela. No obstante, Hugo Chávez tiene razón en estar nervioso.