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El regreso de los valores asiáticos

Actualmente, es raro oir hablar sobre los "valores asiáticos". Su aceptación parece haberse devaluado junto con las economías que fueron exitosas en Asia oriental. La crisis financiera de hace unos años puso al descubierto muchos excesos escondidos detrás de la retórica de los valores asiáticos: las relaciones cercanas entre gobiernos y élites, la corrupción rampante, las camarillas y el nepotismo.

No obstante, de igual importancia en el declive ha sido el hecho de que reformadores verdaderos llegaron al poder en algunos Estados asiáticos, como Kim Dae Jung en Corea del Sur, y trajeron con ellos una visión más universal de los derechos humanos. La buena administración (tanto en el sector público como en el privado) es el mantra de la post crisis. Con transiciones en marcha en Tailandia e Indonesia, la democracia es cada vez más lo que los asiáticos quieren. Aunque un regreso al viejo discurso sobre los valores asiáticos es poco probable, puede ser que algunas personas reafirmen sus diferencias en materia de derechos humanos, democracia y administración a medida que los recuerdos de la crisis se alejen.

La peor razón para ello será la razón más vieja: algunas élites de antes de la crisis conservan influencias y/o poder. Dado que las reformas amenazan sus privilegios, tienen que resistirse a ellas. Otras viejas élites pueden tratar de vincular la autoprotección con la retórica anti-occidente y los sentimientos nacionalistas. Esto tiene el potencial de ser un arma poderosa para tratar con fuereños como el FMI o cuando los extranjeros compran (a precios rebajados) participaciones en bancos, servicios públicos y compañías grandes.

Junto con los intereses de las élites, el sufrimiento de los trabajadores y los ciudadanos comunes es una preocupación amplia y genuina. Desplazados por una competencia nueva, los trabajadores han organizado huelgas en países como Corea, donde el viejo "tazón de hierro" de la protección al empleo se ha hecho añicos. En Tailandia, los pobres en el campo se organizaron en contra de un gobierno demócrata reformista, mientras que los partidos rivales hicieron campaña con las viejas políticas de paternalismo y dinero. Si se unen, las viejas élites y las masas de pobres y trabajadores pueden crear un obstáculo formidable para las reformas.