¿La era de Thaksin en Asia?

El retiro de las actividades políticas de Lee Kuan Yew en Singapur y de Mahatir Mohamed en Malasia ha dejado al Sureste de Asia sin sus líderes de mayor antigüedad. ¿Podrá el primer ministro de Tailandia Thaksin Shinawatra llenar el vacío regional de poder?

Una serie de audaces golpes de política exterior --el Diálogo por la Cooperación en Asia, la Estrategia de Cooperación Económica para el desarrollo del Sureste asiático continental y la denominación que dieron los Estados Unidos a Tailandia como "aliado importante no miembro de la OTAN" apuntaron los reflectores internacionales hacia Thaksin durante su primer periodo. La violencia que se dio en el sur predominantemente musulmán de Tailandia parecía haber dañado sus ambiciones el año pasado, pero la victoria aplastante de su partido Thai Rak Thai (TRT) en febrero le dio nueva vida a su búsqueda del liderazgo regional.

Con el 75% de los escaños que el TRT obtuvo en la cámara baja del parlamento, Thaksin actualmente es invencible en casa. En efecto, se ha convertido en el primer líder tailandés electo en completar un período de cuatro años, reelegirse y ser presidente en un gobierno unipartidista. El dominio de Thaksin de la política tailandesa no tiene precedentes y su persistente popularidad ante un electorado voluble no tiene igual.

Además del control total sobre la política interna, Thaksin cumple con otros prerrequisitos del liderazgo regional. Preparándose ya para un tercer periodo, puede contar con longevidad política del orden de los 22 años de gobierno de Mahathir. A pesar del sistema unipartidista que el TRT está cultivando, Thaksin dispone de legitimidad democrática en una arena global empeñada en la promoción de la democracia y habla inglés lo suficientemente bien para presentar sus opiniones y puntos de vista ante una audiencia global.

Incluso tiene su propia estrategia de desarrollo, a la que se ha dado en llamar "Thaksinomics", un enfoque particular que mezcla el crecimiento neoliberal impulsado por las exportaciones con la demanda popular interna. La economía tailandesa salió de su estancamiento posterior a la crisis de 1997 bajo Thaksin y ahora está en una trayectoria firme de crecimiento del 6% anual. Si bien recurre a un derroche de subsidios y a concesiones en efectivo, la Thaksinomics también utiliza reformas estructurales para impulsar el crecimiento económico.

Las perspectivas más promisorias de la estrategia incluyen la promoción de la modernización industrial, las industrias de nichos y proyectos agrupados para elevar la competitividad que buscan hacer de Tailandia un centro mundial y regional para la alimentación, la moda, el turismo, los automóviles y el cuidado de la salud. Una economía dinámica --el crecimiento de su PIB sólo está por debajo del de China en Asia-- es indispensable para el liderazgo regional.

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Entre las políticas que habrán de determinar su papel futuro en la región destacan el Diálogo para la Cooperación en Asia y la Estrategia de Cooperación Económica. Basándose en el concepto de "Asia para los asiáticos", la incipiente membresía del Diálogo abarca el territorio que va de la península coreana hasta el Medio Oriente, con Tailandia en el centro geográfico. Aunque su rumbo futuro es incierto, este foro de 26 miembros supera a la APEC, la ASEAN y la ASEAN más tres, que incluye a China, Japón y Corea del Sur.

La crisis de 1997 que afectó a toda la región, los débiles avances en la esfera del libre comercio y las vulnerabilidades en cuanto a seguridad de la región han hecho que Thaksin cobre conciencia de las limitaciones de la ASEAN. Dado que el tamaño de Indonesia la hace un líder natural de la ASEAN, el Diálogo le da a Thaksin una plataforma más amplia que subraya las ventajas geográficas de Tailandia. Le permite promover los objetivos estratégicos de Tailandia y los temas más importantes de la región, que a veces chocan con los intereses y demandas occidentales. Dentro del marco del Diálogo, Tailandia emitió un "Bono Asiático" de mil millones de dólares en un intento de equilibrar el capital financiero de Asia con su necesidades de financiamiento.

En una esfera menor de operaciones, la Estrategia prevé el desarrollo económico de Camboya, Laos, Myanmar y Vietnam. Bajo Thaksin, Tailandia pasó de ser receptor de ayuda a país donante por primera vez al alejarse de la asistencia para el desarrollo de países como Japón. Se estableció un fondo tailandés de 10 mil millones de baht para dar ayuda abierta y créditos blandos a los miembros de la Estrategia. Al igual que el Diálogo, la Estrategia desplaza las prioridades de política exterior de Tailandia hacia el Sureste asiático continental, resaltando el papel de Tailandia y el astuto liderazgo de Thaksin.

Thaksin se enfrenta a dos obstáculos. La salvaje violencia que se ha dado en el sur de Tailandia en los últimos quince meses ha hecho que se vea mal, a medida que sus múltiples estrategias y tácticas han fallado en repetidas ocasiones. Su mal carácter tampoco ha mejorado las cosas. Thaksin al principio restó importancia a los ataques violentos al considerarlos obra de bandidos. Apenas a fines del año pasado admitió que la causa eran los separatistas musulmanes del sur.

Han aparecido señales de una relación simbiótica entre los separatistas locales y los terroristas regionales. Si los ataques se extienden más allá de las provincias de Yala, Pattani y Narathiwat en el sur, las posibilidades de Thaksin de asumir el liderazgo regional disminuirán. Thaksin lo sabe. Desde su apabullante reelección se ha mostrado sorprendentemente modesto y magnánimo. Ha nombrado a Anand Panyarachun, un ex primer ministro tailandés que recientemente encabezó un panel de reformas en Naciones Unidas para que elija y encabece una comisión nacional selecta para buscar la reconciliación con los separatistas del sur.

Además, Thaksin tendrá que hacer algo con respecto a Myanmar si quiere que la comunidad internacional acepte su papel ampliado. Para muchos, las relaciones entre Tailandia y Myanmar son demasiado cercanas. Sus críticos acusan a Thaksin de conflictos de interés puesto que el conglomerado de telecomunicaciones propiedad de su familia tiene inversiones importantes en Myanmar.

Ahora todo depende en gran medida del propio Thaksin. Si es lo suficientemente inteligente para arreglar las cosas con los habitantes descontentos del sur y superar sus intereses personales en Myanmar, tendrá buenas posibilidades de convertirse en el próximo vocero de Asia.

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