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Cómo mantener el crecimiento en una Asia que envejece rápido

SINGAPUR – Asia ha sido el campeón mundial del crecimiento económico durante décadas, y este año no será la excepción. Según las últimas Perspectivas Económicas Regionales del Fondo Monetario Internacional, está previsto que el PIB de la región Asia Pacífico aumente el 5,5% en 2017 y el 5,4% en 2018.

A pesar de las crecientes tensiones geopolíticas, la mayoría de los países de la región han mantenido su impulso económico. Se han visto beneficiados con políticas que respaldan la fuerte demanda doméstica en China y Japón, y con condiciones globales favorables. El crecimiento está creciendo en muchas economías avanzadas y de mercados emergentes, mientras que los mercados financieros, en su mayor parte, han demostrado ser resilientes.

Sin embargo, Asia todavía tendrá que enfrentar desafíos importantes de mediano y largo plazo, en particular el envejecimiento de su población -un problema que es muy conocido para la mayoría de los responsables de las políticas-. En décadas pasadas, la región cosechó un dividendo demográfico gracias a su fuerza laboral joven y en expansión, y a fuertes políticas de crecimiento. Pero este dividendo ya se agotó en el caso de países "viejos" como Japón y China. Con tasas de fertilidad que caen y gente que vive más años, la fuerza laboral se achica y envejece al mismo tiempo.

Sin duda, no todos los países asiáticos están envejeciendo al mismo ritmo. En China, Japón, Corea y Tailandia, estas tendencias demográficas pueden restar entre un 0,5 y 1 punto porcentual del crecimiento anual en las próximas tres décadas. Pero en países "jóvenes" como India, Indonesia y las Filipinas, la población en edad de trabajar en verdad aumentará, sumando entre 1 y 1,5 punto porcentual al crecimiento anual promedio en el mismo período.

Y, aun así, inclusive estos países jóvenes no se salvarán de los efectos de una población que envejece. En las Perspectivas para Asia Pacífico de este año, señalamos un dato poco conocido: casi toda Asia corre el riesgo de envejecer antes de llegar a volverse rica.

¿Por qué está ocurriendo esto? Para empezar, si bien Asia no es la región de más edad del mundo hoy, está envejeciendo considerablemente rápido. Un indicador de esto es el ratio de dependencia de población envejecida: el porcentaje de la población que tiene 65 años o más. En Europa, llevó 26 años, en promedio, que este ratio aumentara de 15% a 20%; en Estados Unidos, llevó más de 50 años. Entre los países asiáticos, sólo Australia y Nueva Zelanda envejecieron a velocidades similares. En la mayoría de los otros países de la región, esta transición llevó -o llevará- menos de 15 años.

per capita income peak working age

En consecuencia, con ser el campeón mundial del crecimiento no basta. Para entender por qué, consideremos el ingreso per capita de cada país (en términos de paridad de poder adquisitivo) cuando su ratio de dependencia de población envejecida, comparado con la experiencia estadounidense, alcanzó o alcanzará un pico. Como demuestra el cuadro más arriba, con excepción de las economías asiáticas que ya son ricas como Australia, Hong Kong, Japón y Singapur, el ingreso per capita en las economías asiáticas quedó, o quedará, por debajo del de otras economías avanzadas en etapas similares del ciclo de envejecimiento.

Por ejemplo, cuando China alcanzó su pico de población envejecida en 2011, su ingreso per capita sólo estaba en un 20% del nivel estadounidense; y cuando Vietnam lo alcanzó en 2014, esa cifra era de apenas el 10%. Y, a pesar de su población joven y su crecimiento sólido, el ingreso per capita de India sólo habrá alcanzado el 45% del nivel de Estados Unidos cuando su población envejecida llegue a un pico en o alrededor de 2040; y eso supone, con una mirada optimista, que India mantendrá un crecimiento muy fuerte en las próximas décadas.

Esta tendencia demográfica tiene implicancias de amplio alcance para la región. Los países asiáticos tendrán considerablemente menos tiempo del que han tenido las economías avanzadas para prepararse para la transición a una sociedad envejecida. Peor aún, tendrán que manejar los altos costos fiscales del envejecimiento mientras que seguirán siendo relativamente pobres, lo que creará nuevas presiones sociales, que ya son evidentes en los países asiáticos "viejos".

Es más, la desaceleración del crecimiento de la productividad podría agravar el problema demográfico de Asia. Desde la crisis financiera de 2008, el crecimiento de la productividad se ha desacelerado en las economías avanzadas de Asia y, en menor grado, también en sus economías emergentes. Por lo tanto, el empuje de la región para alcanzar a los países en la frontera tecnológica global se ha frenado en la última década.

Para impulsar la productividad en el futuro, los gobiernos asiáticos tendrán que implementar hoy reformas estructurales bien dirigidas. Considerando el rápido envejecimiento de la población de Asia, es crucial que esas reformas incluyan políticas para proteger a los mayores, mejorar las redes de seguridad social y fomentar el crecimiento a largo plazo. Los gobiernos también tendrán que facilitar las condiciones para que las mujeres y los trabajadores de más edad participen en la fuerza laboral, ampliando las instalaciones de cuidado infantil y creando incentivos para que las empresas flexibilicen sus exigencias en materia de edad jubilatoria.

Como han demostrado Australia, Hong Kong, Nueva Zelanda y Singapur, la inmigración puede suavizar el golpe del envejecimiento rápido. Y al fortalecer los sistemas de pensión, inclusive a través de beneficios mínimos garantizados, los gobiernos pueden ofrecer una red de seguridad para la población mayor vulnerable y reducir los incentivos para los ahorros preventivos.

Estas políticas deberían estar acompañadas de reformas que mejoren la productividad. Los diferentes países tendrán diferentes prioridades, pero todos tendrán que hacer mayores inversiones en educación y capacitación de por vida y, al mismo tiempo, perseverar en la implementación de reformas laborales y de los mercados de productos.

Finalmente, las economías asiáticas avanzadas deberían concentrarse en mejorar la innovación, asignando el gasto en investigación y desarrollo de manera más efectiva, y aumentado la productividad en el sector de servicios. Los países emergentes y en desarrollo, por su parte, tendrán que atraer más inversión extranjera directa, impulsar la inversión doméstica y expandir su capacidad para adoptar nuevas tecnologías.