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Desactivar la carrera armamentista de Asia

BANGKOK – La sentencia de la Corte Permanente de Arbitraje (CPA) de La Haya en contra de los reclamos territoriales de China en el Mar de China Meridional será recibida con alivio en las capitales de la región. Pero es poco probable que revierta una de las tendencias más preocupantes en Asia: un alarmante acopio de armas en la región.

Según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo, Asia hoy responde por casi la mitad del gasto mundial en armamentos -más del doble que el gasto total de los países de Oriente Medio y cuatro veces más que el de Europa.

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Vietnam, que restableció las relaciones diplomáticas con Estados Unidos recién en 1995, ahora está considerando permitirle a la Marina de Estados Unidos utilizar su Base Naval Cam Ranh -que fue construida y utilizada por la Fuerza Aérea estadounidense durante la Guerra de Vietnam (y luego por las marinas soviética y rusa)-. También ha comprado un puñado de submarinos de fabricación rusa y gastó ocho veces más en la compra de armas entre 2011 y 2015 que en los cinco años anteriores. Tailandia, por su parte, también quiere submarinos para su marina, a pesar de tener sólo aguas poco profundas en el Golfo de Tailandia y ningún reclamo territorial en el Mar de China Meridional.

Las Filipinas, que llevaron el caso contra China a La Haya, también están fortaleciendo su ejército, con la compra de aviones de combate a Corea del Sur y nuevas inversiones en su marina, con el respaldo no sólo de Estados Unidos, sino también de Japón. Las Filipinas también han rehabilitado su alianza de defensa con Estados Unidos, en un giro de 180 grados respecto de su decisión de expulsar a la Marina de Estados Unidos de su base de la Bahía de Subic en 1991. Con el mismo espíritu, la Séptima Flota de Estados Unidos ha redoblado sus Patrullas de Operaciones de Libertad de Navegación (FONOP, por su sigla en inglés) en el Mar de China Meridional.

Finalmente, Japón está cobrando influencia en la región al alejarse lentamente de su "constitución de paz" de posguerra. Hasta el momento, el gobierno del primer ministro Shinzo Abe ha reinterpretado el Artículo 9, que renuncia a la guerra, para permitirle a Japón volver en defensa de sus aliados. El gobierno también ha revisado las leyes de seguridad para permitir exportaciones de tecnología armamentista a sus socios en la región, apuntalando así sus capacidades de defensa.

Todos estos países responden al rápido surgimiento de China como la principal amenaza para la estabilidad regional. En el nacimiento del río Mekong, China ha construido represas aguas arriba para impedir que países río abajo como Camboya y Vietnam accedan a recursos de agua vitales. En el Mar de China Meridional, China ha creado islas artificiales y las ha militarizado con pistas de aterrizaje e instalaciones de defensa; y está dando señales de fuerza en materia naval con un flamante grupo de portaaviones, y otros más en camino.

En el período previo a la decisión de la CPA, China suscitó apoyo en países africanos lejanos donde tiene inversiones, y entre miembros más fácilmente influenciables de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), como Brunei, Camboya y Laos. El objetivo de China es impedir que los miembros de la ASEAN se unan en su contra y reducir el papel del derecho internacional en una región donde persigue un dominio estratégico. Más inquietante aún es el hecho de que China haya redoblado sus actividades en el Mar de China Meridional a pesar del proceso judicial, después de haber prometido hace mucho tiempo que ignoraría cualquier dictamen que invalidara sus reclamos.    

La carrera armamentista de Asia es la mayor desde la Guerra Fría, y se está acelerando en un contexto internacional cada vez más desfavorable. A Estados Unidos le preocupan el Estado Islámico y otras amenazas terroristas en el exterior, y ahora, la campaña presidencial en casa. Y Europa está devastada después del voto del Reino Unido a favor de abandonar la Unión Europea, luego de ocho años de crecimiento débil, austeridad y crisis prolongadas.

En todo caso, éste debería ser el momento ideal para que Asia asuma un papel de liderazgo global. Lamentablemente, hay rivalidades geopolíticas irreconciliables en la región que se interponen en el camino, debido a la falta de un marco institucional destinado a impedir, mitigar y resolver disputas territoriales. A menos que se establezcan este tipo de acuerdos, y hasta que esto suceda, el riesgo de conflicto aumentará, poniendo en peligro la transformación económica de la región -que en las últimas décadas ha sacado a miles de millones de asiáticos de la pobreza.

Crear un marco de seguridad regional viable no será fácil, dada la aparente insolubilidad de muchas de las fallas geopolíticas de Asia. Estas incluyen el punto muerto en las negociaciones entre India y Pakistán sobre Cachemira; la confrontación entre Corea del Norte y Corea del Sur; la relación tumultuosa entre China y Taiwán, y los reclamos de China en el territorio soberano de Japón e India, además del de las Filipinas y Vietnam.

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Resolver este tipo de conflictos requiere, como mínimo, algunas reglas básicas de juego, que solamente se pueden desarrollar e implementar de manera multilateral, y no unilateralmente como exige China. Por ejemplo, la ASEAN está redactando un Código de Conducta para gobernar el Mar de China Meridional, pero el esfuerzo ha avanzado poco, debido a la intransigencia china.

Si las Filipinas no sobreactúan su victoria en La Haya, y si otras partes interesadas retroceden un poco y le dejan espacio a China para reconocer los peligros de su propia agresión, los líderes chinos tal vez estén más dispuestos a negociar un acuerdo regional. La alternativa -una mayor escalada de la carrera armamentista asiática- no favorecerá a nadie.