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Mientras China cambia

Cuando Deng Xiaoping empezó la apertura de China a finales de los años setenta, señaló: “No importa si el gato es negro o blanco. Si caza ratones es un buen gato.” Este lema contribuyó a catalizar a China para que se convirtiera en lo que es hoy: una sociedad cada vez más materialista, consagrada al dinero, que ha perdido el contacto con su ética tradicional. No hay nada que resuma más vívidamente este vacío moral que el reciente drama televisivo, “Wo Ju” (“Espacios cerrados”) que ha fascinado a las audiencias chinas.

La “heroína” del programa, Guo Haizao, es una inocente mujer de piel clara de 25 años que vive cerca de Shangai. Inicialmente, sigue los pasos de su hermana mayor en la búsqueda de su sueño común, estudiar en una de las mejores universidades de China. No obstante, incluso con un título universitario, la vida agitada de Shangai no resulta como ella la había imaginado.

“Por qué está el mundo lleno de injusticia, y los reflectores sólo apuntan a los lugares más bonitos de la ciudad? se pregunta una noche esta mujer mientras se preocupa por los esfuerzos que ella y su hermana hacen para comprar una casa.

Como le dice, Song Siming, el apuesto y exitoso secretario del Alcalde, que conduce un Audi   –pero también está casado-,   “nadie se fija en esos rincones feos en la oscuridad, donde se acumulan la suciedad, las moscas y las ratas.”