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Den un respiro a Argentina

LONDRES – El mes pasado, Argentina cayó en impago técnico de su deuda externa tras un periodo de gracia de 30 días para sus pagos de intereses más recientes. De más está decir que los impagos de deuda soberana se traducen en enormes costes sociales y económicos. El que Argentina se libre de lo peor de ellos ahora pende de manera crucial de las actuales negociaciones entre su gobierno y los acreedores privados.

No todos los países estaban en situación similar para enfrentar la crisis del COVID-19. Argentina sufría un importante problema de sostenibilidad de su deuda mucho antes de que llegara la pandemia. Hasta el Fondo Monetario Internacional lo ha dicho, señalando en febrero que “el superávit primario que se necesitaría para reducir la deuda pública y las grandes necesidades de fondos a niveles consistentes con un riesgo de refinanciación manejable y un crecimiento potencial satisfactorio no es factible ni en lo económico ni en lo político.”

Esa declaración fue hecha antes de que la COVID-19 se convirtiera en pandemia y generara una recesión global. Desde entonces, la contingencia ha empeorado las ya prolongadas cuitas argentinas, en especial porque está quedando cada vez más claro que la recesión será más profunda, y la recuperación más compleja, de lo que se esperaba al comienzo.

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