2

¿Estamos evolucionando todavía?

NEW HAVEN – Muchas decisiones de políticas públicas se basan en supuestos implícitos sobre la "naturaleza humana", y en la actualidad es popular especular acerca de cómo la evolución puede haber dado forma al comportamiento y la sicología humana. Sin embargo, esto plantea algunas preguntas importantes: ¿seguirán evolucionando los seres humanos -y, de ser así, ¿está cambiando nueva naturaleza biológica básica- o la cultura moderna ha detenido la evolución?

Para algunos rasgos no tenemos que especular: podemos medir y comparar tomando como base estudios que cubren a miles de personas a lo largo de varias generaciones. Aún no se han hecho estos estudios sobre la mayoría de los rasgos en que la especulación es popular, pero sí acerca de algunos rasgos de interés médico. ¿Qué hemos aprendido?

Erdogan

Whither Turkey?

Sinan Ülgen engages the views of Carl Bildt, Dani Rodrik, Marietje Schaake, and others on the future of one of the world’s most strategically important countries in the aftermath of July’s failed coup.

Los científicos están adoptando dos enfoques. En uno, secuencian el DNA de genes particulares en muchos individuos con o sin un problema de salud determinado y buscan diferencias entre los dos grupos. Este método genético mide los efectos que se han acumulado a lo largo de cientos a miles de generaciones, y el mensaje es claro: los seres humanos han evolucionado en estos aspectos de manera bastante reciente, algunos en una dirección, otros en otra, dependiendo de su medio ambiente y otras condiciones con las que se encontraron.

De este enfoque hemos aprendido, por ejemplo, que la capacidad de digerir leche como adultos evolucionó dentro de los últimos 10.000 años -y varias veces- en culturas que domesticaron ovejas, cabras o ganado. Estudios similares nos han enseñado que la sensibilidad al consumo de alcohol y la resistencia a enfermedades como la malaria y la lepra también evolucionaron dentro de los últimos miles de años.

Algunos científicos, incluido yo, hemos adoptado un enfoque diferente. En lugar de buscar cambios en genes que pueden demorar muchas generaciones en detectarse, hemos medido directamente la selección natural. Este método puede revelar la selección en acción, operando en periodos de tiempo tan breves como una generación, por lo que puede responder a la pregunta de si la cultura moderna ha detenido la evolución.

El mensaje der este enfoque también es claro: la selección natural sigue operando en las culturas modernas. Sólo las generaciones futuras pueden responder si lo hará de manera lo suficientemente consistente como para producir cambios genéticos significativos. No obstante, es interesante ver en qué dirección nos está transformando. Algunas de las respuestas son  sorprendentes.

Medimos la selección natural en mujeres de Framingham, Massachusetts, donde un estudio médico de largo plazo sobre enfermedades cardiacas produjo los datos que utilizamos. Las mujeres nacieron entre 1892 y 1956. Encontramos una selección significativa y proyectamos que, si continuaba por diez generaciones, la evolución de las mujeres se traduciría en una pérdida de cerca de dos centímetros de estatura y el nacimiento de su primer hijo aproximadamente cinco meses más temprano.

Se trata de un resultado sorprendente, porque las mujeres en los países desarrollados se han vuelto más altas gracias a una mejor nutrición, y están teniendo hijos más tardíamente en sus vidas por una variedad de razones, algunas de ellas culturales. Entonces, ¿qué ocurre acá? Tres cosas:

En primer lugar, sabemos que dar a luz por primera vez cuando se es joven conlleva el riesgo de una mayor mortalidad infantil, pero la medicina moderna y la higiene la han reducido notablemente, lo que a su vez reduce el coste de tener el primer hijo siendo más joven.. En consecuencia, esperamos un cambio hacia una reproducción más temprana, porque han desaparecido los costes relacionados previamente con hacerlo; exactamente lo que encontramos en Framingham.

Y esperamos que estas mujeres más jóvenes tengan menos estatura sencillamente porque han tenido menos tiempo para crecer. En cinco otros casos, los científicos encontraron que las mujeres de los países en desarrollo dan a luz antes, en dos de ellos con una altura menor (en los otros tres casos no se midió la altura). Es demasiado temprano como para decir que esta sea una tendencia general, pero en estos momentos todas las señales apuntan en esa dirección.

Segundo, medimos los efectos de la selección natural, lo que nos permitió notar que las mujeres de menor estatura y que dieron a luz más jóvenes tenían más hijos. Sin embargo, los genes son sólo uno de los muchos factores que influencian la altura y la edad en el primer nacimiento. Las decisiones personales, la nutrición, el nivel de ingresos, la educación y las creencias religiosas forman parte del conjunto.

Cuando estimamos cuánto de la variación entre personas se podía atribuir a la biología, la respuesta fue menos de un 5%, lo que hace que un 95% de la variación deba explicarse por los efectos de la cultura y las decisiones individuales. Sin embargo, mientras los efectos de la biología sobre los rasgos que hemos medido son relativamente pequeños para los seres humanos en las complejas culturas modernas, incluso los pequeños efectos se acumularán si se repiten una y otra vez.

En tercer lugar, los rasgos como este son siempre el resultado de interacciones entre genes y medio ambiente. Una mujer podría tener genes que la habrían tendido a hacer más alta que el promedio, pero haber terminado teniendo una estatura más baja que el promedio si en su niñez recibió una mala nutrición.

Support Project Syndicate’s mission

Project Syndicate needs your help to provide readers everywhere equal access to the ideas and debates shaping their lives.

Learn more

Si la evolución mantuvo su firme curso y cambió las bases genéticas de la altura y la edad del primer parto, diez generaciones más adelante es posible que no haya mujeres de menor estatura y que tengan su primer hijo más tardíamente, ya que los efectos de la nutrición y la cultura podrían más que compensar el cambio genético. Como lo expresa un colega mío, un buen programa de almuerzos infantiles podría ser suficientes para oscurecer los efectos biológicos.

Incluso si nos enfocamos en un rasgo físico simple como la altura, la selección natural en los seres humanos resulta ser un proceso multifacético y lleno de matices. Sigue fuera de nuestro alcance la realización de estudios en los ámbitos de la conducta humana y la sicología, donde la causación es más compleja. En esos casos, puede que el silencio sea más sabio que la especulación.