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¿Hemos aprendido lo que debíamos en estos cinco años?

Cuando se acerca el quinto aniversario de los ataques por Al Qaeda a los Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001, deberíamos aprovechar la oportunidad para evaluar los resultados de la respuesta de los EE.UU. y la comunidad internacional. Evidentemente, los ataques y la respuesta ante ellos han provocado un cambio abismal en las relaciones internacionales, pero sería difícil sostener que a consecuencia de ello se ha reducido la probabilidad de que se produzcan nuevas atrocidades. ¿Por qué no estamos más seguros que hace cinco años?

Una semana después de los ataques, el Presidente George W. Bush declaró una "guerra al terrorismo". La metáfora de la guerra tiene la singular ventaja de que evoca clara e intensamente el contraataque requerido. Además, la metáfora de la guerra constituye un llamamiento implícito a una intensa movilización: no sólo por un país que ha sido atacado, sino también por sus amigos y aliados.

Naturalmente, nadie pone en tela de juicio el derecho de los Estados Unidos a defenderse. Nunca se ha puesto en duda la legitimidad de un contraataque violento, pero la metáfora de la guerra entraña también connotaciones inevitables que, aplicadas al terrorismo, resultan engañosas y contraproducentes.

Siempre que se invoca la guerra, significa una lucha entre naciones, pueblos o Estados. Significa que se deben considerar hostiles territorios enteros y las poblaciones que viven en ellos. La guerra significa ejércitos y estructuras de mando que se pueden reconocer, si no conocer claramente; en cualquier caso, la guerra entraña una confrontación militar con un adversario identificable.