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El apaciguamiento de Serbia

Este ha sido un mes malo para la causa de los derechos humanos en Europa, pues se permitió que Serbia iniciara su presidencia de seis meses del Consejo Europeo, el órgano político más antiguo de Europa. Con Serbia al mando, el Consejo, cuyo fin es promover los derechos humanos y el Estado de derecho, está ahora bajo el control de un Estado que desprecia la Convención sobre el Genocidio y protege a un acusado de crímenes de guerra, el ex jefe del ejército serbio Ratko Mladic. Además, la Comisión Europea ha señalado que está dispuesta a reanudar las pláticas para acercar a Serbia a la Unión Europea en cuanto se forme un gobierno orientado a las reformas.

Hace unos meses, la Corte Internacional de Justicia (CIJ) declaró culpable a Serbia de no evitar la masacre de más de 7,000 hombres bosnios musulmanes en Srebrenica. La Corte también declaró que Serbia seguirá violando la Convención sobre el Genocidio hasta que transfiera a Mladic –al que se cree responsable de algunos de los peores crímenes cometidos en Europa desde la Segunda Guerra Mundial—al Tribunal Penal Internacional para la Ex-Yugoslavia (TPIY)en La Haya.

Pero la UE parece estar dispuesta a ignorar el desprecio de Serbia hacia el derecho internacional. Es comprensible que la UE esté deseosa de apoyar a un gobierno proeuropeo en Serbia, ya que ello podría preparar el camino para que ésta acepte la posibilidad de la independencia de Kosovo. Esto explica por qué algunos Estados miembros de la UE están tan interesados en retomar las negociaciones sobre un acuerdo de estabilidad y asociación que se suspendieron hace un año porque Serbia no cooperó plenamente con el TPIY. El giro de 180 grados propuesto por la UE significa que el arresto de Mladic y su transferencia a La Haya ya no son una condición para reanudar las pláticas.

Por supuesto, Europa necesita endulzarle el asunto de Kosovo a Serbia. Pero una reanudación inmediata de las negociaciones equivale a un enfoque que es pura zanahoria y nada de palo, lo que daña la propia credibilidad de la UE. En efecto, Occidente ya ha utilizado este enfoque con resultados pobres. En diciembre de 2006, la OTAN permitió que Serbia se uniera a su Asociación para la Paz, aunque todavía había criminales de guerra en libertad en el país.