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En defensa de los judíos, otra vez

MADRID – Pese a la impresión dada por las concentraciones unitarias y en masa habidas en toda Francia, el reciente ataque contra la revista satírica Charlie Hebdo no significa que la libertad de expresión se encuentre gravemente amenazada en la Europa occidental. Tampoco indica que el radicalismo islámico esté a punto de inundar, en cierto modo, o transformar a las sociedades  occidentales. La amenaza que, en cambio, pone de relieve es otra menos comentada: el resurgimiento de la discriminación y la violencia contra los judíos de Europa.

Charlie Hebdo, el último vestigio de una tradición obscena y bastante salvaje de caricaturización escandalosa de las figuras políticas y religiosas de la Francia del siglo XIX, puede muy bien ser un icono ideal de la libertad de expresión. Los europeos se alzaron para defender un principio vital; la libertad de expresión, por brutal que sea lo expresado, conserva un puesto en cualquier democracia.

Asimismo, “Eurabia,” la profecía de un fatal destino islámico para Occidente formulada por Bat Ye’Or, no se está cumpliendo, sencillamente. No hay partidos islámicos que ocupen escaños en los parlamentos europeos, pocas figuras musulmanas aparecen en los más importantes centros de poder político y cultural de Europa y en las instituciones de la Unión Europea árabes y musulmanes brillan prácticamente por su ausencia.

Los intentos de los radicales de reclutar y adoctrinar a jóvenes musulmanes europeos no reflejan el inexorable ascenso de influencia islamista –o islámica siquiera– en Europa. Más bien ponen de relieve el feroz deseo de los radicales de influir en una región en la que una mayoría abrumadora de musulmanes aspira a integrarse en el orden establecido, en lugar de desafiarlo.