La inmigración y una nueva división de clases

SINGAPUR – El ministro para Europa por la oposición en el RU, Pat McFadden, recientemente advirtió a los miembros de su partido laborista que deben intentar aprovechar al máximo la economía global y no tratar a la inmigración como una enfermedad. Según él, «Se puede vivir de las quejas contra la gente, o dar a la gente una oportunidad. Creo que nuestras políticas debieran estar del lado de las oportunidades para la gente».

En un mundo cada vez más dominado por las quejas –contra inmigrantes, banqueros, musulmanes, «élites liberales», eurócratas, cosmopolitas o todo aquello que parezca remotamente ajeno– es raro escuchar ese tipo de sabias palabras. Los líderes en todo el mundo debieran prestar atención.

En Estados Unidos, los republicanos –respaldados por sus activistas del Tea Party– están amenazando con cerrar el gobierno solo porque el presidente Barack Obama ha ofrecido a inmigrantes indocumentados que han vivido y trabajado en ese país durante muchos años la oportunidad de obtener su ciudadanía. El Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP) desea introducir una prohibición de cinco años a la inmigración para residencia permanente. El viceprimer ministro ruso, Dmitry Rogozin, difundió una vez un video en el cual prometía «sacar la basura» –refiriéndose a los trabajadores inmigrantes, mayoritariamente de las ex repúblicas soviéticas– «fuera de Moscú».

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