Los sentimientos anti EU y la identidad europea

La pregunta sobre cómo debe la comunidad internacional encargarse de Saddam Hussein, el despiadado dictador iraquí, ha sido, con razón, el tema dominante del año. En cierto sentido ya ha sido respondida: las Naciones Unidas están y seguirán estando involucradas, y los Estados Unidos han desempeñado y seguirán desempeñando un papel de liderazgo. La contención de Iraq mediante la intervención es el método que ahora se presenta como el más probable. Sin embargo, durante el proceso de llegar a esa decisión, varios asuntos que se han estado calentando desde hace tiempo han pasado a ocupar los reflectores.

Por supuesto, uno se refiere al supuesto "choque de las civilizaciones": ¿cómo mantener separado un conflicto focalizado y limitado entre la ONU e Iraq de la necesidad de conservar una relación de diálogo entre las religiones del mundo? Hay otra pregunta que parecería más localista a algunos pero que es de igual importancia a nivel global: ¿qué pensar de las diferencias entre Europa y los Estados Unidos que se han hecho tan evidentes en el debate sobre Iraq? ¿Es esta acaso otra manifestación de "civilizaciones que chocan"?

Sin duda, las diferencias que existen entre Estados Unidos y Europa son profundas y no se limitan a un enfriamiento temporal de las relaciones Alemania-Estados Unidos o a un intercambio de invectivas, medio en serio, medio en broma, sobre "los pistoleros estadounidenses" y "la vieja Europa". En efecto, incluso los intelectuales se han dejado llevar por el componente emotivo.

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