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Otro delicado enredo italiano

ROMA – Un juego de humo y espejos: eso es lo que parece la actual campaña electoral de Italia -tanto a los ojos de los italianos como del mundo en general-. Por supuesto, no hay nada de nuevo en todo esto: la dinámica política de Italia siempre asombró a participantes y observadores por igual. Que un pequeño partido centrista hoy pueda lograr que las cortes pospongan la elección no hace más que sumar a la confusión habitual.

Pero algo que parece seguro esta vez es el posible resultado. Silvio Berlusconi, líder de la alianza de derecha, ganará su tercera elección (también perdió en dos oportunidades), mientras que se espera que el voto por el Senado arroje un empate. En este caso, las fuerzas de Berlusconi podrían aliarse con el partido católico de centro de Pier Ferdinando Casini, o trabajar para formar una coalición con su adversario de centro-izquierda, el Partido Democrático, liderado por Walter Veltroni.

La segunda opción, alguna vez impensable, es posible porque Berlusconi no está liderando el tipo de campaña electoral incendiaria que condujo en el pasado. El tono incisivo y el partidismo feroz de los últimos 13 años han quedado a un lado. Berlusconi parece ser plenamente consciente de la dificultad de gobernar Italia.

Es necesario que así lo sea. En un momento en que se espera que la deuda pública alcance el 102% del PBI en 2009, con una inflación en aumento y un crecimiento de apenas el 0,2%, será difícil cumplir con las promesas electorales. Una infraestructura pública deteriorada y la incapacidad de atraer al capital extranjero no han hecho más que agravar la perspectiva económica.