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Alemania da un paso adelante

WASHINGTON, DC – Desde su entrada en el Gobierno, el Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, ha repetido una consigna sencilla relativa a otros países: “Con el poder se contrae responsabilidad”. Francia ha demostrado repetidas veces que entiende y acepta dicha responsabilidad: puede que Alemania siga ahora su ejemplo.

Hace varias semanas, el Presidente de Alemania, Joachim Gauck, en su discurso inaugural de la 50ª Conferencia Anual sobre Seguridad de Múnich, reflexionó sobre la evolución de la República Federal a lo largo de estos cinco decenios, período en el que surgió “una buena Alemania, la mejor que hemos conocido jamás”. Y, como Alemania se beneficia más que la mayoría de los países del actual orden internacional abierto y basado en valores, tiene, según dijo Gauck, una mayor responsabilidad de defenderlo y ampliarlo

El discurso de Gauck reflejó el parecer expuesto en un nuevo e importante informe, titulado Nuevo poder, nueva responsabilidadypublicado por la Stiftung Wissenschaft und Politik y el Fondo Marshall Alemán de los Estados Unidos. El informe, producto de varios meses de debate en la comunidad alemana de política exterior y seguridad, considera los valores e intereses actuales de Alemania un compromiso con “la dignidad humana, la libertad, la democracia, el Estado de derecho y un orden internacional basado en normas universales”. Como proclamó Gauck, “el objetivo estratégico primordial” de Alemania debe ser la “preservación y adaptación continua” de dicho orden.

Para lograr ese objetivo, Alemania debe pasar a ser una “potencia influyente”, un Estado con la capacidad para resolver problemas y conflictos que afecten a toda la comunidad internacional o a parte de ella. Los tradicionales factores determinantes del poder de los Estados respecto de otros Estados –la geografía, la demografía, la importancia económica y la fuerza militar, junto con la disponibilidad de recursos y competencia tecnológica– siguen siendo importantes, pero con frecuencia son insuficientes para conferir influencia real en la política internacional. Una potencia influyente construye relaciones e invierte en instituciones que le permiten cooperar adecuadamente con otros y crear y movilizar “coaliciones y redes de Estados con una orientación similar”.