Dejemos que Europa lidere en Ucrania

WASHINGTON, DC – Mientras avanza la anexión de Crimea por parte de Rusia, Estados Unidos debe hacerse a un lado; la Unión Europea debe dar un paso al frente, y la comunidad internacional debe asegurar que Rusia pague un precio económico y político alto por sus acciones, y que los nacionalistas rusos y ucranianos no sumerjan a ambas partes en una espiral de violencia mortal.

Hasta el momento, los líderes occidentales han jugado sus cartas lo mejor que pudieron, evitando los pasos en falso del principio de la canciller alemana, Angela Merkel, quien hizo una afirmación calculada de los intereses regionales de Rusia como el comportamiento de un líder que perdió todo contacto con la realidad. La intensificación de la crisis por parte de Estados Unidos a esta altura no haría más que jugar a favor del presidente ruso, Vladimir Putin, y dejar expuesto a Occidente como un tigre de papel.

Para entender por qué, vale la pena hacer algo de historia. A lo largo del siglo XX, Estados Unidos intervino en repetidas ocasiones en América Latina para derrocar o doblegar gobiernos que no le gustaban: en Cuba, Nicaragua, República Dominicana, Panamá, Guatemala, Haití, El Salvador, Chile y Granada, para nombrar solamente los casos más prominentes. Durante la Guerra Fría, sucesivos presidentes norteamericanos estaban profundamente felices de enviar tropas, directa o indirectamente, para asegurar que gobiernos amistosos prevalecieran en el continente americano (y más allá).

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