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Familias del futuro

WASHINGTON, DC – En muchos países, es tiempo de graduaciones; un tiempo en el que una nueva generación de jóvenes brillantes y afortunados se pondrá sus birretes y sus togas, recibirá sus diplomas y oirá los consejos de sus mayores. Los discursos de graduación de muchos oradores harán hincapié en los logros de los nuevos graduados; otros recalcarán los desafíos que las futuras carreras les presentarán. Pero estas ceremonias académicas suelen pasar por alto un elemento crucial del éxito y la felicidad: la familia.

De hecho, las familias de los graduados (es decir, aquellas personas que les dieron amor y apoyo, sin importar la conexión biológica) son tan protagonistas de estas ceremonias como los graduados mismos. Cada una por distinto camino, todas han llegado al mismo resultado: ver a sus hijos obtener un nivel de educación que para muchas personas es un sueño inalcanzable.

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Pero además de reconocer y agradecer lo que sus familias han hecho por ellos, los graduados también tienen que pensar en la clase de familia que ellos mismos desean crear. Y al hacerlo, habrán de reflexionar necesariamente en los papeles de los géneros y en las relaciones entre ellos.

Dada la enorme diferencia de expectativas que hay entre mujeres y hombres (algo que por supuesto depende del contexto cultural), las preguntas que deben hacerse varían considerablemente. Pero hay una cuestión que habitualmente se les planteaba a las muchachas y que ahora es fundamental también para los muchachos: el equilibrio entre la carrera y la familia.

La función tradicional del hombre como “proveedor” lo ha llevado muchas veces a priorizar el trabajo más que el tiempo con la familia. De hecho, viendo su infancia en retrospectiva, tal vez muchos graduados lamenten lo poco que estaban sus padres en casa o que no hayan sido más solícitos para con ellos.

Es necesario que los hombres encuentren el modo de desarrollar el costado afectuoso de su personalidad, no solo el lado competitivo que les permitirá avanzar en sus carreras. Deben procurar amar y dar todo de sí, no solo como padres, sino también como hijos, maridos, hermanos, tíos e incluso como amigos. Una forma de hacerlo sería preguntar a sus propios padres y abuelos qué es lo que ellos querrían haber hecho de otro modo, y luego planificar en consecuencia.

En vez de esperar a que aparezcan los desafíos, los muchachos deben empezar a pensar ahora en sus prioridades futuras. ¿Cómo garantizarán una relación igualitaria con su futura compañera? ¿Qué ajustes harán para ayudarla a cumplir sus propias aspiraciones profesionales? ¿Se mudarían a otra ciudad si el empleo de ella lo requiriera? ¿Estarían dispuestos a dejar de trabajar o reducir la carga horaria para cuidar a un hijo o a un progenitor?

Y en esto, los hombres jamás deben olvidar que adoptar otra mentalidad no implica que estén abandonando el rol de proveedores. Al fin y al cabo, proveer de atención y cuidado es exactamente tan importante como proveer de dinero. Y trae una recompensa: la clase de relación íntima con los hijos que tradicionalmente han disfrutado las mujeres.

También las mujeres deben pensar cuidadosamente acerca del futuro que les resultará más gratificante. Para muchas, el desafío es abandonar el supuesto de que en la búsqueda de un equilibrio entre trabajo y familia siempre deben pensar más en lo segundo, que las que deben sacrificar sus carreras son ellas. Claro que muchas mujeres (lo mismo que muchos hombres) tal vez prefieran priorizar la familia. Lo importante en cada caso es elegir: elegir cuánta energía dedicar al hogar, elegir una carrera guiándose por la pasión, elegir un compañero que realmente esté en pie de igualdad con ellas.

Para que ambos puedan sostener una sociedad igualitaria de proveedores de cuidados y dinero, los dos deberán hacer algunos renunciamientos. Una mujer con grandes ambiciones profesionales necesitará encontrar un compañero dispuesto a trabajar menos o incluso dejar de trabajar para apoyarla, algo que todo hombre debería estar dispuesto a hacer.

Pero la lucha contra los estereotipos va en ambos sentidos. De hecho, para que la dinámica funcione, la mujer también tiene que reconsiderar lo que espera de su cónyuge. La mujer que desee crear una familia con un hombre no debe permitir que las ideas tradicionales sobre la masculinidad la condicionen. Por ejemplo, si no se siente cómoda ganando más dinero que su esposo, entonces estará limitando a los dos.

Para decirlo claramente: el tipo de apoyo que sus padres y sus abuelos probablemente ofrecieron a sus madres y sus abuelas no es la única clase de apoyo que una mujer puede o debe esperar de su compañero. El papel de la mujer no debe depender de reglas anticuadas, sino de sus virtudes y sus ambiciones individuales. Y su compañero debe ser alguien con seguridad y capacidad para alentarla a hacer realidad todo su potencial.

Finalmente, la tarea de la familia no se termina con la graduación. Los padres y abuelos todavía tienen mucho por hacer en cuanto a reformular expectativas o, al menos, apoyar las elecciones que hagan sus hijos y nietos. Esto implica aceptar si el muchacho decide que no usará ese título universitario que tanto costó conseguir para convertirse en el principal sostén económico de la futura familia. Y también implica comprender que la muchacha tal vez no necesite un “proveedor” en el sentido tradicional, sino un compañero dispuesto a hacer sacrificios en su carrera para ayudarla a ella a avanzar en la suya.

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El día de graduación es tiempo de finales y de comienzos. Es un día para que los jóvenes piensen en los sacrificios que han hecho sus familias por ellos y en la clase de sacrificios que harán ellos por las suyas. Y es un día para comprender que si la familia es lo primero, no por ello el trabajo ha de ser lo segundo: son dos caras de la misma vida.

Traducción: Esteban Flamini