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cows farm Justin Sullivan/Getty Images

Repensar la cría de animales

TASMANIA – A mediados de julio, mientras una sequía brutal diezmaba los cultivos, algunos productores europeos de carne y lácteos tuvieron que sacrificar parte de sus rebaños antes de tiempo para reducir la cantidad de animales que tendrían que alimentar. Decisiones desesperadas como estas se volverán comunes en un mundo en el que las olas de calor aumentarán en duración, intensidad, sequedad y frecuencia. Por eso ahora es el momento justo para iniciar un debate serio sobre la cría de animales.

La industria de la cría de animales no sólo es vulnerable a los efectos observados y predichos del cambio climático; también es uno de los principales factores del problema. De hecho, la cría de animales para la producción de carne y lácteos supone un 16,5% de la emisión global de gases de efecto invernadero.

Además, si tratáramos al cambio climático como la emergencia que es y nos tomáramos en serio reducir el ritmo de calentamiento en los próximos 20 años, la influencia proporcional de la cría de ganado sería todavía mayor. Esto se debe a que el sector ganadero es responsable de un tercio de las emisiones antropogénicas de metano y dos tercios de las de óxido nitroso, dos potentes gases de efecto invernadero que atrapan más calor que el dióxido de carbono.

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