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No más reajustes

WASHINGTON, DC – Ahora que Ucrania está en estado de agitación y Estados Unidos y Rusia observan cautelosamente cada movimiento del otro, el mundo parece estar al borde de una confrontación prolongada similar a la Guerra Fría. ¿Pero es así?

Rusia, que acusa a Occidente de respaldar un golpe de estado de "fascistas" y "terroristas" en Kyiv, anexó a Crimea, puso a prueba un misil balístico intercontinental y se reservó el derecho de intervenir militarmente en el este de Ucrania para proteger a la población rusa allí. Estados Unidos sancionó a Rusia y calificó de ilegal la anexión de Crimea. Pero también instó a la cooperación para resolver la situación de manera pacífica y declaró que Ucrania debería intentar tener vínculos productivos tanto con Rusia como con Occidente. Hasta el momento, los rusos han desestimado esos sentimientos.

Sin embargo, éste no es el comienzo de la Segunda Guerra Fría, y Rusia no es el antagonista de Estados Unidos. Pero tampoco es un aliado. Los dos bandos discrepan sobre una amplia gama de asuntos. Aun así, existen cuestiones internacionales críticas -como Irán y Siria- sobre las cuales es poco probable algún progreso sin cierta cooperación. El desafío no es intentar nuevamente "resetear" las relaciones bilaterales, sino encontrar -una vez que amaine la crisis ucraniana- una base sobre la cual los dos lados puedan colaborar cuando sus intereses se superponen.

Ahora bien, hay que ser realistas. Todo presidente norteamericano desde 1992 ha intentado reformular  la relación entre Estados Unidos y Rusia y llevarla más allá de la competencia ideológica y militar de la Guerra Fría. Pero cada intento, si bien produjo algunos resultados, terminó en una desilusión. Una razón clave es que Estados Unidos y Rusia tienen visiones fundamentalmente diferentes sobre cómo sería una mejor relación.