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Angela Merkel se presenta al mundo

Por fin, Angela Merkel es la nueva --y primera mujer-- Canciller de Alemania. Aunque la continuidad seguirá siendo la marca distintiva de la política exterior, la actuación internacional de Alemania bajo Merkel sonará y se sentirá distinta a la que estuvo bajo el liderazgo de Gerhard Schroeder.

Schroeder llegó al poder hace siete años y representaba a una nueva generación cuyas experiencias formativas no fueron la Guerra Fría, la integración europea y la amistad transatlántica, sino la unificación alemana y el restablecimiento de la soberanía nacional. Para él y el equipo que llegó después de la administración de 16 años de Helmut Kohl, Alemania se había convertido en un país normal, igual a los demás pesos completos europeos como Francia e Inglaterra.

En efecto, una de las primeras experiencias de política exterior de Schroeder fue la cumbre de la UE de 1999, en la que los líderes de Francia e Inglaterra jugaron brusco con el recién llegado de Berlín. La lección que Schroeder aprendió fue que ya no se podía dar por descontada a Alemania y que tenía que exigir un papel acorde con su tamaño y su peso. La autoafirmación se convirtió en la palabre clave de la política exterior alemana.

Así, cuando Schroeder adujo circunstancias especiales después de que Alemania no cumplió los techos presupuestales del Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la Unión Europea, parecía estar alegando que las restricciones se debían aplicar sólo a los países pequeños, no a los actores grandes. Cuando se opuso con razón a la guerra de Estados Unidos contra Iraq, el orgullo de plantarse frente a la única superpotencia del mundo era palpable. Cuando estableció una relación personal y política cercana con el Presidente ruso Vladimir Putin, le envió al mundo --y a los sensibles miembros nuevos de la UE de Europa oriental-- la señal de que la política exterior alemana ya no estaría limitada por el pasado.