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Anatomía del partido del poder

Más que ninguna otra cosa, Vladimir Putin entiende el poder: cómo obtenerlo; cómo consolidarlo. Su predecesor, Boris Yeltsin, supo cómo hacerse con el poder pero no cómo consolidarlo, lo que en parte explica por qué se le escurrió de las manos durante su presidencia. Sin embargo, el éxito del Presidente Putin ha engendrado su propio problema: consolidó tan bien el poder en el centro que la oposición está aumentando en las regiones de Rusia.

La gran falla de Yeltsin fue no haber creado un partido viable y no ideológico (un "partido del poder") que apuntalara su régimen. Intentó hacerlo en 1995, pero la Guerra de Chechenia hizo que los demócratas de Rusia se alejaran de él. Es más, sus intentos fueron asombrosamente torpes.

En cierta ocasión, Yeltsin se refirió a su plan de tender lazos hacia dos centristas. Con "Ivan Ribkin (entonces vocero de la Duma)", declaró Yeltsin en la televisión, "encabezando el flanco izquierdo y Viktor Chernomirdin (entonces primer ministro) encabezando la derecha, los abarcaremos a todos". Pero al vincularlos a su muy impopular figura, Yeltsin dañó a ambos partidos.

Quizá si las dos alas se hubieran unido ese partido único habría surgido como una fuerza inexorable e imbatible. Sin embargo, una unidad así era imposible por una razón obviamente rusa: los líderes de las facciones se odiaban demasiado como para reunirse, incluso por su propio beneficio.