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La anatomía del miedo

¿Cómo forma el cerebro los recuerdos más significativos? Los estudios sobre el miedo en las ratas nos han ayudado a aprender mucho acerca de eso. Aunque la gente y las ratas le tienen miedo a cosas distintas, la manera en la que responden al peligro los cerebros y cuerpos de las ratas y de los seres humanos es similar. Dado que el miedo es la raíz de varias patologías humanas, desde los ataques de pánico hasta el síndrome de estrés postraumático, los avances en la comprensión del sistema del miedo del cerebro pueden llevar a nuevos métodos para tratar esas enfermedades.

El centro del sistema del miedo del cerebro se encuentra en una región llamada la “amígdala”. Esta región recibe la información de todos los sentidos (vista, oído, etc.) y a su vez controla las diversas redes que provocan el aceleramiento del corazón, las palmas sudorosas, el estómago contraído, la tensión muscular y los flujos hormonales que sentimos cuando estamos asustados.

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La amígdala de la rata responde a los peligros naturales (las ratas temen a los gatos sin tener que aprender a hacerlo) y aprende sobre peligros nuevos (sonidos, imágenes y olores que se dan con anticipación a la presencia del gato o de otras amenazas). A través de estudios sobre la manera en que el cerebro de las ratas aprende acerca de los estímulos, tales como los sonidos que anteceden al peligro, hemos aclarado nuestros conocimientos sobre nuestros propios sistemas para aprender acerca del miedo, y sobre la memoria en su conjunto.

También hay evidencias de que la amígdala de los reptiles y las aves tiene funciones similares. Los estudios practicados en humanos que presentan daños a la amígdala, por enfermedades neurológicas o como consecuencia de cirugías para controlar la epilepsia, demuestran que nuestros cerebros también trabajan en esta forma básica. Estos estudios indican que, muy temprano (cuando los dinosaurios dominaban la tierra, o incluso antes), la evolución descubrió una manera de equipar al cerebro para producir respuestas capaces de mantener vivo a un organismo en situaciones peligrosas. La solución fue tan eficaz que no ha cambiado gran cosa a lo largo de las eras.

Obviamente, este no es el panorama completo. Una vez que el sistema del miedo detecta y empieza a responder al peligro, un cerebro como el humano, con su enorme capacidad para pensar, razonar y meditar, comienza a evaluar lo que está sucediendo y procura decidir qué se debe hacer. En este momento es cuando surge la sensación del miedo. Sin embargo, para poder tener miedo a un nivel consciente es necesario contar con un cerebro lo suficientemente complejo, uno que esté consciente de sus propias actividades. Mientras que éste es indudablemente el caso del cerebro humano, no es muy claro qué otros animales (si es que hay alguno) tienen esta habilidad.

Así, en términos evolutivos, el sistema del miedo del cerebro es muy antiguo. Es probable que su diseño haya surgido antes de que el cerebro tuviera la capacidad de experimentar lo que los humanos llamamos “miedo”. Si esto es cierto, entonces la mejor forma de entender cómo funciona el sistema del miedo no es buscar los elusivos mecanismos cerebrales que generan las sensaciones del miedo, sino estudiar los sistemas neuronales subyacentes que se desarrollaron como soluciones de comportamiento a los problemas de la supervivencia. A fin de poder entender las sensaciones, tenemos que retroceder desde su expresión superficial en nuestra experiencia consciente para explorar con más detenimiento la manera en la que el cerebro trabaja cuando tenemos esas sensaciones.

Un descubrimiento fundamental ha sido el hecho de que el cerebro tiene múltiples sistemas de memoria, cada uno dedicado a tipos distintos de funciones de la memoria. Por ejemplo, si usted regresa al lugar de un accidente reciente es probable que tenga una reacción física que refleja la activación de los recuerdos almacenados en la amígdala. Al mismo tiempo, usted recordará el accidente, a dónde iba, con quién estaba y otros detalles. Estos son recuerdos explícitos (conscientes) procesados por otro sistema, el “hipocampo”.

Por el contrario, los recuerdos procesados por la amígdala son inconscientes. Son recuerdos en el sentido de que provocan que el cuerpo reaccione de cierta manera como resultado de experiencias anteriores. El recuerdo consciente de experiencias anteriores y las respuestas fisiológicas que de ellos se derivan, reflejan el funcionamiento de dos sistemas de memoria independientes que operan en paralelo. Sólo a través de la disección de estos sistemas del cerebro se han podido dar cuenta los científicos de que se trata de distintos tipos de memoria y no de una sola memoria con distintas formas de expresión.

Muchos de los padecimientos psiquiátricos más comunes que afectan a los seres humanos son emocionales; muchos de éstos se relacionan con el sistema del miedo del cerebro. De acuerdo con el Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos, alrededor del 50% de los problemas mentales que se registran en ese país (sin contar los que tienen que ver con el abuso de drogas) son padecimientos por ansiedad, incluyendo fobias, ataques de pánico, síndrome de estrés postraumático, síndrome obsesivo-compulsivo y ansiedad generalizada.

Las investigaciones sobre los mecanismos del miedo del cerebro nos ayudan a comprender por qué estos padecimientos emocionales son tan difíciles de controlar. Quienes estudian la neuroanatomía han demostrado que los conductos que conectan a la amígdala con el cerebro pensante, la neocorteza, no son simétricos –las conecciones de la corteza a la amígdala son considerablemente más débiles que las que van de la amígdala a la corteza.

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Esto puede explicar por qué una vez que se despierta una emoción es tan difícil desconectarla a voluntad. La asimetría de estas conexiones también puede ayudarnos a entender por qué la psicoterapia es frecuentemente un proceso largo y complicado, ya que trabaja con base en canales imperfectos de comunicación entre sistemas cerebrales que tienen que ver con la cognición y la emoción.

Es probable que los estudios sobre la biología básica del sistema de miedo sigan revelando información importante tanto sobre la procedencia de nuestras emociones como sobre qué es lo que provoca los padecimientos emocionales. Conforme vayamos aprendiendo más, podremos empezar a averiguar cómo tratar –e incluso prevenir- esas enfermedades.