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Anatomía de Chávez

Los casi ocho años que Hugo Chávez lleva en el poder en Venezuela –y que intentará prolongar en las elecciones presidenciales del próximo mes- parecen desafiar los análisis económicos. Por lo pronto, lo que viene sucediendo en este caso es aquello que solía advertir el ingenioso economista Edgar R. Fiedler: “si uno interroga a cinco economistas obtendrá cinco respuestas… o seis, si uno de ellos se graduó en Harvard”.

Algunos ven en Chávez a un innovador hombre de estado capaz de aprovechar un instante casi mágico –signado por el alto precio internacional del petróleo- para cambiar las reglas básicas del juego en la sociedad que gobierna. Ciertos indicadores claves parecen apoyar este punto de vista: la inversión extranjera en Venezuela creció en los últimos tiempos de 1.500 millones de dólares (2004) a 2.500 millones de la misma moneda (2005).

En ese bienio Chávez pisó el acelerador de sus reformas sociales -educación, salud, etc.- y también intensificó sus esfuerzos por distribuir una excesiva concentración de la riqueza. Aunque más del 70% de la renta nacional sigue en manos del 20% de la población, Chávez obligó a las grandes petroleras extranjeras a pagar regalías mucho más altas y comenzó a expropiar tierras e instalaciones industriales improductivas.

Con el precio internacional promedio del petróleo seis veces más alto del que encontró al asumir el poder, Chávez ha logrado que la economía de su país crezca en un 9% en 2005 y otro tanto en el primer trimestre del 2006. Pero, sobre todo, alcanzó una disminución efectiva de la pobreza de 6,3% tras hacerse cargo de un país cuya abrumadora mayoría –un 80%- se debatía entre la pobreza y la miseria.