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Lo que Europa se juega en Irán

MADRID – El mes pasado, la última ronda de negociaciones entre Irán y el P5 +1 (EE.UU., China, Francia, Rusia y Estados Unidos más Alemania) en Viena quedó eclipsada por la crisis en Crimea y la búsqueda del Vuelo 370 de Malaysia Airlines. Y si bien las discusiones continuarán la próxima semana, no hay certeza alguna sobre el resultado final, por lo que los líderes mundiales no pueden permitirse el lujo de distraerse.

Esto es especialmente cierto en el caso de Europa, cuya posición común en este asunto, hasta la fecha, ha resultado esencial. De hecho, fue el impacto de las sanciones europeas lo que finalmente empujó a Irán a la mesa de negociaciones, y la fuerza de una diplomacia europea unida lo que facilitó el "plan de acción conjunto" que establece las condiciones para llegar en el plazo de seis meses a un acuerdo exhaustivo y duradero.

Pero ahora, a medio camino del plazo establecido, no ha habido en realidad  progreso tangible alguno, pues las negociaciones del mes pasado no han producido avance alguno en dos temas clave objeto de discusión: el nivel aceptable para el enriquecimiento de uranio en Irán y el futuro del reactor de agua pesada en Arak. El fuerte contraste entre esta falta de progreso en las negociaciones y las recientes declaraciones de Irán sobre la posibilidad de alcanzar un acuerdo final antes de Julio cuestiona la estrategia y los objetivos de Irán. Estos dos aspectos han de ser tenidos muy en cuenta por los negociadores.

Clave para el éxito de esta empresa es la comprensión de la coyuntura en que esta negociación tiene lugar. Irán es tierra de contrastes. A partir de una reciente visita a Irán organizada por el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (en inglés, ECFR), la coexistencia del arraigo de la tradición y la rapidez de las transformaciones se erige en impresión central de la realidad iraní.