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Sacar a Irán del ostracismo

MADRID – El acercamiento entre Irán y Occidente ha sido una “ballena blanca” de la política mundial durante décadas. Pero resulta cada día más evidente que el mundo se encuentra al borde de una nueva era que se caracterizará por una cautelosa, al tiempo que crucial, colaboración entre actores tradicionalmente enfrentados – especialmente entre Irán y EEUU- cuyas posturas son irreconciliables desde la revolución islámica de 1979.

La necesidad de esta cooperación fue lo que centró el debate de la Bergedorf Round Table, evento organizado, el mes pasado, por la Fundación Körber y el think tank iraní Centro de Estudios Politicos eInternacionales, en el que tuve el honor de participar junto con 30 políticos, altos funcionarios y expertos de Europa, EEUU e Irán. En él se exploró el conjunto de ideas que deben orientar las decisiones políticas futuras.

En un contexto de desmoronamiento institucional y de desintegración de la soberanía en todo Oriente Medio -en particular en Iraq- este ejercicio no podría ser más oportuno. Para revertir la situación y evitar el caos, se hacen necesarias potentes fuerzas estabilizadoras que sustenten una acción coordinada a fin de frenar la violencia sectaria. E Irán tiene un papel que desempeñar.

Más allá de su relevancia histórica y cultural que le confiere una cierta auctoritas en Oriente Medio, Irán posee una de las pocas administraciones eficaces, capaces de responder a los desarrollos geopolíticos; por no hablar de sus enormes reservas de petróleo que aseguran su papel clave en la compleja ecuación energética global, sobre todo en relación a una Europa que busca reducir su dependencia de suministro de Rusia.