Paul Lachine

Un derrame de petróleo estadounidense

SINGAPUR – Cuando sucede un accidente siempre sobra a quién culpar y en el caso del derrame de petróleo de la plataforma Deepwater Horizon en el Golfo de México, nadie se ha librado – salvo uno de los principales culpables: el público estadounidense.

Pocas horas después del accidente, los críticos fijaron la mira en todos los culpables de siempre: el Servicio de Manejo de Minerales por eximir a BP de las inspecciones de rutina y caer en una relación con la industria petrolera que el presidente estadounidense Barack Obama calificó de “íntima”; Obama mismo por no haber promulgado las reformas al Departamento del Interior que prometió en su campaña electoral; la empresa de servicios petroleros Transocean, por el defectuoso dispositivo para prevenir estallidos; y, por supuesto, BP, por su cultura de seguridad “relajada” e incluso “imprudente”.

Tras el torbellino de ira que duró varias semanas, la responsabilidad principal recayó finalmente en BP. Las maniobras evasivas del director ejecutivo de BP, Tony Hayward, y el que no haya respondido a las preguntas directas que se le hicieron en una audiencia ante un subcomité del Senado de los Estados Unidos enfurecieron a los congresistas y al público estadounidense por igual. Sus expresiones de "contrición” pueden proporcionar cierto alivio en el sentido de que se ha identificado al principal culpable, pero eso no acelera las operaciones para sellar el pozo.

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