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Una alianza de pares

PARIS – Durante la reciente ceremonia por el 60 aniversario de la OTAN en Estrasburgo, la Alianza le dio la acogida a dos nuevos miembros, Albania y Croacia, con lo que llevó su cantidad total de miembros a 28. Esta expansión es positiva, ya que la historia ha atormentado a estos dos países. Ser recibidos dentro de la gran familia internacional de Occidente los tranquilizará, los estabilizará y contribuirá a su desarrollo político, cultural y económico.

Pero las buenas noticias fueron limitadas, porque la OTAN sólo abordó una agenda de rutina. En rigor de verdad, no se debatió ningún problema medular.

La polémica que surgió en Francia alrededor del retorno del país al comando militar unificado de la OTAN lo dejó sobradamente en claro. ¿Francia estaba perdiendo su autonomía, quizás incluso su soberanía? ¿Estaba capitulando a la hegemonía norteamericana? Estos son interrogantes reales; sin embargo, en la cumbre de la OTAN, la gente hablaba de ellos más en términos de símbolos que de realidades.

Ahora bien, ¿cuál es la realidad aquí? La OTAN es una alianza militar compuesta por 28 países. Uno de ellos, Estados Unidos, tiene un presupuesto militar que es más de tres veces el de todos los otros miembros juntos. En consecuencia, Estados Unidos dirige la mayoría de los comandos civiles y militares de la OTAN con el consentimiento de los demás. Por supuesto, existe una consulta colectiva y un proceso deliberativo que permite que todo miembro pueda expresar su opinión. Pero, en realidad, el poder real de un miembro es lo que afecta las decisiones comunes.