A church official holds an AR-15 rifle Spencer Platt/Getty Images

Una nación de armas

NUEVA YORK – Entre la defensa del derecho de los ciudadanos estadounidenses a comprar rifles semiautomáticos o portar armas ocultas y la negación de responsabilidades humanas por el cambio climático hay algo en común. Son temas que exceden la argumentación racional. No importa cuántos estudiantes mueran baleados o cuánta evidencia científica haya de los efectos de las emisiones de dióxido de carbono, la gente no cambia creencias que definen su identidad.

De modo que cuanto más hagan campaña los liberales de Nueva York o San Francisco (incluso Houston) por el control de la venta de armas a civiles, más vigorosamente responderán los defensores del derecho a poseer armas letales; y a menudo, con el ardor religioso del creyente que siente que se ha hecho una ofensa a su Dios.

Pero detrás de las identidades colectivas hay una historia. La Segunda Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, que garantiza el derecho a poseer y portar armas, se aprobó en 1791, cuando ciudadanos que se habían rebelado contra la monarquía británica pensaron que en caso de necesidad, tenían que poder defenderse de un estado opresor. La interpretación de esta enmienda ha sido terreno disputado, pero la idea original era que hubiera milicias ciudadanas armadas.

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