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El abuso de la figura de Churchill

NUEVA YORK – Un busto de bronce de Winston Churchill que se exhibe en la Casa Blanca desde los años 60 ha sido objeto de constantes mentiras por parte de la derecha en Washington. Se dice que cuando el Presidente Barack Obama entró en ella lo devolvió a la Embajada Británica, supuestamente queriendo dar a entender con ello su odio a Inglaterra. De hecho, Obama no hizo tal cosa: el busto sigue estando en la Residencia de la Casa Blanca, donde siempre ha estado excepto por un breve periodo durante el Presidente George W. Bush, cuando estaba en restauración.

Pero Obama habría hecho bien en retirarlo. El culto a Churchill no ha sido del todo beneficioso para Estados Unidos. A demasiados presidentes estadounidenses les complace verse como los verdaderos herederos de Churchill. Bush tenia un busto del estadista británico en la Oficina Oval que Tony Blair le había prestado. Quería dar la imagen de un "presidente de guerra", un "tomador de decisiones" y un "gran líder" como Churchill. Tenia inclinación por los uniformes de combate y acabó metiendo a su país en una guerra insensata.

Nigel Farage, el compinche británico de Donald Trump y ex líder del UKIP (Partido por la Independencia del Reino Unido), le sugirió volver a poner el busto en la Oficina Oval, lo que a Trump le pareció una idea espléndida.

Trump es la figura menos idónea para presentarse como un émulo de Churchill. En la medida que tenga una postura coherente sobre algo, es hostil a casi todo lo que Churchill representó. Su planteo de "Estados Unidos primero", distante de sus aliados occidentales, es exactamente el tipo de actitud contra la que Churchill y Franklin D. Roosevelt lucharon para lograr resistir al Tercer Reich.