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El enemigo de Estados Unidos está adentro

NUEVA YORK – A menos que surja alguna nueva revelación inesperada, no hay demasiado que aprender de los hermanos Tsarnaev, mejor conocidos como "los terroristas de Boston". Podemos ahondar en sus historias familiares en Daguestán, un país arrasado por el conflicto, o examinar, una vez más, el atractivo letal del radicalismo islamista. Pero dudo de que resulte esclarecedor.

El hermano mayor, Tamerlan, que murió en un tiroteo con la policía, parece encajar perfectamente en el perfil de lo que el escritor alemán Hans Magnus Enzensberger llama "el perdedor radical". Y su hermano menor, Dzhokhar, que se recupera de heridas de bala en un hospital de Boston mientras espera ser enjuiciado, parece haber sido un seguidor patético que actuó no tanto por convicción profunda como por amor fraternal.

El perdedor radical es el tipo de joven que se siente victimizado por un mundo insensible e indiferente. Esa amarga sensación de rechazo, que sienten muchos jóvenes confundidos, se convierte para algunos en un deseo feroz de venganza. Al igual que Sansón en el templo de Gaza, desea destruirse en un acto público de violencia, llevándose consigo la mayor cantidad de gente posible.

Cualquier cosa puede desatar este acto final: el rechazo de un amante, una solicitud de empleo denegada. En el caso de Tamerlan, un boxeador talentoso, le negaron la posibilidad de convertirse en un campeón porque todavía no era un ciudadano de Estados Unidos. El islamismo radical le ofreció una causa prefabricada por la cual morir.