Alianzas para la paz

WASHINGTON DC – Crecí a la sombra de la Segunda Guerra Mundial y en los albores de la Guerra Fría.

El trabajo de mi padre como funcionario del Servicio Exterior me dio la oportunidad de presenciar la historia con punzante proximidad: Nunca olvidaré nuestras caminatas por las playas de Normandía, donde aún yacían los cascos quemados de las lanchas de Higgins, tan solo unos pocos años después de que tantos jóvenes fueran a la tumba para que el mundo pudiera ser libre. Tampoco podré olvidar la sobrecogedora sensación de pasar en bicicleta por la Puerta de Brandeburgo desde Berlín Occidental hacia el Este y ver el contraste entre quienes eran libres y quienes estaban atrapados al otro lado de la cortina de hierro.

Lo que ahora me impresiona, tantos años más tarde, es que una generación de líderes ganó no solo una guerra, sino también la paz. Lo hicieron juntos, los Estados Unidos y nuestros socios trabajamos juntos para crear alianzas que brindaran prosperidad y estabilidad a Europa Occidental, Japón y Corea del Sur. Viejos enemigos se convirtieron en nuevos aliados y juntos promovieron un nuevo sistema económico mundial, que creó un mundo más próspero. E incluso durante la furia de la Guerra Fría, los líderes encontraron formas de cooperar para controlar la proliferación de armas y evitar el apocalipsis nuclear.

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