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La extraña década de la economía estadounidense

ZÚRICH – La expansión económica actual de los Estados Unidos es extraordinaria. No solo rivaliza con la más larga del registro de posguerra, sino que a diferencia de períodos anteriores de crecimiento sostenido, no provocó mucha inflación. Las ganancias corporativas han llegado a alturas inéditas. Y la desigualdad económica en Estados Unidos está en un nivel máximo en medio siglo.

Cada uno de estos aspectos excepcionales se vincula paradójicamente con otra rareza: pese a que la expansión desde 2009 ha sido en general deslucida, la tasa de desempleo estadounidense se redujo considerablemente más de lo que se esperaría juzgando solamente por el crecimiento del PIB. Pero es posible que el aspecto que más define esta extraña década de expansión (y el que ayuda a explicar sus principales anomalías) sea el escaso crecimiento de la productividad.

Tomemos en primer lugar el fenómeno del empleo. Un modelo sencillo de la relación entre el desempleo y el crecimiento del PIB (similar a la Ley de Okun) muestra que durante esta expansión, la tasa de desempleo se redujo medio punto porcentual más cada año que el precedente histórico. Desde 2014, el ritmo de crecimiento del empleo en los Estados Unidos superó por casi un millón de puestos de trabajo al año lo que era previsible por el crecimiento del PIB.

Además de la caída del desempleo a mínimos históricos, la creación de empleo se mantiene a más del doble de la tasa de expansión de la fuerza laboral. Las empresas contratan trabajadores a buen ritmo, a pesar del escaso crecimiento, la merma del acervo de trabajadores productivos y una preocupante incertidumbre política y económica. Las flojas cifras de mayo por sí solas no cambian el fenómeno de una década de sólido crecimiento del empleo.

Una explicación posible es que las empresas están reemplazando capital costoso con mano de obra barata. La participación total de los trabajadores en el ingreso nacional de los Estados Unidos experimentó una reducción sostenida durante este siglo, hasta llegar a un mínimo de 60% a fines de 2014, antes de recuperarse hasta el nivel actual de 62%. Pero eso es tres puntos porcentuales menos del nivel promedio entre 1965 y 2000.

Por otra parte, la rentabilidad del capital es excepcionalmente alta. Desde 2010, la participación de las ganancias corporativas en el PIB alcanzó en promedio niveles de los que no hay antecedentes en la era de la posguerra. Siendo así, podría pensarse que las empresas preferirían invertir en capital de alto rendimiento antes que en mano de obra. Pero no es lo que sucede. La tasa media anual de formación bruta de capital fijo no residencial desde 2009 ha sido 5,3%, más o menos lo mismo que durante las expansiones de los dos mil y de los ochenta, y muy por debajo de la tasa durante el auge que impulsaron las inversiones a fines de los noventa.

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¿Por qué hay tanta abundancia de mano de obra barata? Tal vez los trabajadores están dispuestos a sacrificar salarios más altos a cambio de seguridad laboral. Es comprensible, en vista de los penosos recuerdos de la recesión de 2008‑2009. Puede que las demandas salariales estén contenidas por el temor a perder empleos contra China, México o las máquinas. Pero el aumento de la tasa de renuncias, que ya se encuentra en niveles similares a los de antes de la crisis financiera, hace pensar que tal vez los trabajadores ya no estén tan excesivamente cautelosos como antes.

Otro factor es la reducción de la afiliación sindical. A principios de los ochenta, casi un cuarto de la fuerza laboral estadounidense estaba afiliada a sindicatos. Hoy esa cifra se redujo a cerca de un décimo. Los trabajadores no sindicalizados ganan, en promedio, alrededor de 20% menos que sus homólogos afiliados. Una fuerza laboral menos sindicalizada es más barata y, tal vez, más flexible, lo que aumenta su atractivo para las empresas.

Pero es probable que el factor más importante detrás del lento crecimiento de los salarios sea el escaso incremento de la productividad. Durante la década que pasó, la media de productividad de la mano de obra en Estados Unidos (y en la mayoría de las otras economías avanzadas) se desplomó. Pese al crecimiento explosivo de la tecnología de la información, el trabajador promedio no se está volviendo más productivo.

Si el producto por hora trabajada no aumenta mucho, entonces para garantizar una adecuada provisión de bienes y servicios es necesario que aumente la cantidad de horas trabajadas. De allí que pese a un crecimiento del PIB para nada destacable, la creación de empleo en Estados Unidos se mantenga firme.

Además, las empresas no pueden aumentar los salarios más que el incremento del producto marginal de la mano de obra. De modo que el poco crecimiento de la productividad explica la lentitud del aumento de los salarios. También reduce el interés de las empresas en invertir. La consiguiente disciplina financiera contribuye a un alto rendimiento del capital, que sostiene el alza de las ganancias corporativas y una creciente desigualdad de ingresos.

Las autoridades estadounidenses deben tratar de garantizar una distribución más igualitaria de los beneficios del crecimiento, algo para lo cual de nada servirán propuestas populistas como las que surgen de ambos extremos del arco político (por ejemplo, demandas de proteccionismo o de un ingreso básico universal). Esas medidas solo pondrían a los estadounidenses a competir por una tajada de un pastel cada vez más pequeño.

En vez de eso, la clave está en aumentar el nivel promedio de productividad. Por una variedad de razones (entre ellas, el actual clima político y social adverso al capitalismo), Estados Unidos no puede resolver sus problemas de productividad apelando solamente a la desregulación, la rebaja de impuestos y el achicamiento del Estado como en los ochenta. Es necesario complementar la eficiencia económica con mejoras en la infraestructura energética y de transporte, sumadas a un mejor acceso a educación de calidad, capacitación laboral y atención de la salud.

El crecimiento de Estados Unidos durante la década que pasó ha sido excepcional en muchos sentidos. Pero si no se resuelve el problema de la productividad, la expansión seguirá siendo excepcionalmente desequilibrada y enfermiza.

Traducción: Esteban Flamini

https://prosyn.org/QmRabdW/es;
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