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El ingobernable presupuesto de los Estados Unidos

NUEVA YORK – El corazón de todo gobierno se encuentra en el presupuesto. Los políticos pueden hacer promesas sin cesar, pero, si el presupuesto no cuadra, la política es poca cosa más que meras palabras.

Los Estados Unidos están ahora en ese apuro. En su reciente discurso sobre el estado de la Unión, el Presidente Barack Obama trazó un panorama convincente de gobierno moderno, del siglo XXI. Sus oponentes del Partido Republicano se quejaron de que las propuestas de Obama reventarían el presupuesto, pero la verdad es que los dos partidos están negándose a ver la realidad; sin más impuestos, una economía moderna, competitiva, de los EE.UU. no es posible.

Obama subrayó, acertadamente, que la competitividad en el mundo actual depende de una fuerza laboral instruida y unas infraestructuras modernas. Eso es cierto en el caso de todos los países, pero es particularmente pertinente para los países ricos. Los EE.UU. y Europa están en competencia directa con el Brasil, China, la India y otras economías en ascenso, donde los niveles salariales son en algunos casos cuatro veces inferiores (si no más incluso) a los de los países de ingresos elevados. Los Estados Unidos y Europa sólo mantendrán su alto nivel de vida basando su competitividad en aptitudes avanzadas, tecnologías de vanguardia e infraestructuras modernas.

Ésa es la razón por la que Obama pidió un aumento de las inversiones públicas de los EE.UU. en tres sectores: educación, ciencia y tecnología e infraestructuras (incluidas las conexiones por banda ancha a la red Internet, los ferrocarriles de gran velocidad y la energía no contaminante). Expuso una concepción del crecimiento futuro en la que las inversiones públicas y privadas serían complementarias, pilares que se sostendrían mutuamente.