El arte de gobernar suicida de Estados Unidos

Desde su victoria en la Guerra Fría, la hegemonía global de Estados Unidos se basó en tres pilares: el poder económico, el poderío militar y una enorme capacidad para exportar su cultura popular. El reciente surgimiento de otras potencias -la Unión Europea, China, India y una Rusia que se propuso recuperar el status perdido- erosionó la capacidad de Estados Unidos de forjar los hechos de manera unilateral.

Aún así, Estados Unidos sigue siendo, por lejos, el país más poderoso del mundo; su decadencia tiene más que ver con el uso incompetente que hizo del poder que con la aparición de competidores. La culpa de la situación de Estados Unidos debe recaer en el "arte de gobernar suicida" de los líderes norteamericanos, para usar la frase suscinta de Arnold Toynbee para referirse a lo que él consideraba la máxima causa del colapso imperial.

Consideremos el caso de Oriente Medio. Nada revela mejor la caída de Estados Unidos en la región que el contraste entre el uso sobrio del poder por parte de Estados Unidos en la primera Guerra del Golfo en 1991 y la arrogancia y el engaño de la guerra de Irak hoy.

To continue reading, please log in or enter your email address.

To read this article from our archive, please log in or register now. After entering your email, you'll have access to two free articles every month. For unlimited access to Project Syndicate, subscribe now.

required

By proceeding, you agree to our Terms of Service and Privacy Policy, which describes the personal data we collect and how we use it.

Log in

http://prosyn.org/JK8pXdN/es;

Cookies and Privacy

We use cookies to improve your experience on our website. To find out more, read our updated cookie policy and privacy policy.