Estados Unidos, deseo y realidad

MADRID – Pacífico u Oriente Medio, esta es la cuestión. Mientras el resto del mundo respira aliviado y saluda con optimismo la reelección de Obama, se presentan dos focos geopolíticos que reclaman la atención de Estados Unidos. Uno representa el futuro y el otro es el pasado. El primero es el Pacífico, protagonista de una campaña electoral marcada por las referencias al ascenso de China. El segundo es el que ha mantenido empantanado a Estados Unidos durante las últimas décadas: un Oriente Medio bajo el eterno conflicto entre Israel y Palestina, la inestabilidad en Irak, la primavera árabe, la guerra civil siria y la crisis de Irán.

Si estallara la crisis de Irán, el primer escenario perdería su condición de prioritario para la política exterior norteamericana. Si se resolviera negociadamente, es el segundo escenario el que queda relegado. La pregunta, por tanto, es si Estados Unidos se verá arrastrado a otra guerra en una región de la que ya no depende energéticamente.

La revolución de los hidrocarburos no convencionales, que según las predicciones situará a Estados Unidos como la mayor potencia energética del mundo, es un acontecimiento de enormes repercusiones globales. Según un reciente informe de la Agencia Internacional de la Energía, se prevé que en 2020 Estados Unidos ya sea el mayor productor mundial tanto de petróleo como de gas. La autosuficiencia energética es la coartada perfecta para retirarse progresivamente de Oriente Medio. Liberado de su dependencia energética, el país podrá centrarse en el Pacífico.

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