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El vacío estratégico de EE. UU.

NEW HAVEN – Aparentemente, los responsables de las políticas de la Reserva Federal están reconsiderando lo acertado de aplicar una flexibilización cuantitativa (FC) abierta. Deberían. Este experimento de políticas, que no había sido puesto a prueba, no solo fue incapaz de lograr una recuperación económica aceptable, sino que además incrementó el riesgo de otra crisis.

Las minutas de la reunión del 29 y 30 de enero del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) de la Fed hablan de un descontento que se ha ido acumulando: «[M]uchos participantes … expresaron algunas preocupaciones sobre los costos y riesgos potenciales vinculados con las mayores compras de activos». Las preocupaciones van desde inquietudes por las ramificaciones desestabilizadoras de una estrategia de salida de la FC, hasta aprehensión por pérdidas de capital en la rápidamente creciente cartera de valores de la Fed (actualmente de $3 billones y en camino a los $4 billones para finales de este año).

Si bien esas preocupaciones pueden ser muy serias, dejan de lado lo que bien podría ser la mayor falla en esta táctica sin precedentes de la Fed: un énfasis en las prácticas de corto plazo respecto de la estrategia de largo plazo. Gracias al punto ciego generado por la crisis de 2007-2008, la Fed ha exacerbado su error en el diagnóstico original del problema redoblando las respuestas tácticas con dos rondas de FC antes de la actual iteración abierta. El FOMC obtuvo una falsa sensación de tranquilidad gracias al éxito de la QE1 –una masiva inyección de liquidez en las profundidades de una horrible crisis– equivocadamente creyó que había encontrado la plantilla adecuada para las subsiguientes acciones de política.

Ese enfoque pudo haber funcionado si la economía estadounidense hubiese estado afligida por una enfermedad cíclica: una caída temporal de la demanda agregada. En ese caso, podría esperarse que eventualmente las políticas anticíclicas –tanto fiscales como monetarias– cubriesen el hueco en la demanda y pusieran nuevamente la economía en funcionamiento, exactamente como predican los keynesianos.