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Las casas de naipes de Estados Unidos

Hay veces en las que haber tenido razón no reporta ningún placer. Durante varios años, sostuve que la economía de Estados Unidos estaba siendo sustentada por una burbuja inmobiliaria que había reemplazado a la burbuja del mercado accionario de los años 1990. Pero ninguna burbuja puede expandirse eternamente. Con el estancamiento de los ingresos de la clase media en Estados Unidos, los norteamericanos no podían darse el lujo de hogares cada vez más costosos.

Como dijo de manera genial uno de mis antecesores en el cargo de presidente del Consejo de Asesores Económicos del presidente de Estados Unidos, “lo que no es sostenible no se sostiene”. Los economistas, a diferencia de quienes se ganan la vida apostando con acciones, no se declaran capaces de predecir cuándo llegará el día del ajuste de cuentas, mucho menos de identificar el fenómeno que derribará la casa de naipes. Pero los patrones son sistemáticos, con consecuencias que evolucionarán gradual y dolorosamente con el tiempo.

Aquí existe una macro-historia y una micro-historia. La macro-historia es simple, pero dramática. Al observar el derrumbe del mercado de hipotecas de alto riesgo, algunos dicen “No hay que preocuparse, es sólo un problema en el sector inmobiliario”. Pero esto desestima el papel clave que el sector de la vivienda ha desempeñado recientemente en la economía norteamericana, con una inversión directa en bienes raíces y dinero obtenido de las casas a través de la refinanciación de hipotecas que representan entre las dos terceras partes y las tres cuartas partes del crecimiento en los últimos seis años.

Los precios en auge de la vivienda les dieron a los norteamericanos la confianza, y los medios financieros, para gastar más que sus ingresos. La tasa de ahorro de los hogares norteamericanos estaba en niveles que no se veían desde la Gran Depresión, ya sea negativa o nula.