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La deficiente política exterior de Obama

PARÍS – La de evaluar los resultados de la política exterior de un Presidente americano después de un mandato no es una tarea fácil, dadas la compleja situación estratégica y diplomática y las importantes limitaciones interiores que afronta todo Presidente de los EEE.UU. No obstante, antes de que se celebren las elecciones presidenciales de noviembre, es importante distinguir las fuerzas que han modelado la política exterior de Obama y evaluar su gestión de ellas.

Obama cumplió su promesa de retirar las fuerzas americanas del Iraq durante su primer mandato, pero esa iniciativa resultó ser una derrota estratégica, dada la en gran medida disminuida influencia política de los Estados Unidos en el Iraq. De hecho, el gobierno del Primer Ministro Nouri Al Maliki está volviéndose cada vez más un aliado del Irán. No se debe reprochar a Obama, que se opuso a la guerra del Iraq, las circunstancias actuales, pero no fue capaz de mejorar la situación ni ayudar a los chiíes y suníes del Iraq a lograr una avenencia política.

En cambio, Obama amplió la guerra del Afganistán, que consideró una guerra necesaria, y puso a los talibanes a la defensiva, pero los EE.UU. empezarán a retirar tropas a partir de 2014 sin haber determinado una solución política en consonancia con sus intereses.

Entretanto, la asociación estratégica de los Estados Unidos con el Pakistán, donde Obama obtuvo una importante victoria simbólica al eliminar a Osama Ben Laden, está hecha jirones. Las relaciones EE.UU.-Pakistán han vuelto a su nivel anterior al 11 de septiembre de 2001, en el que la desconfianza mutua reduce al mínimo la cooperación. De hecho, en todas las amenazas estratégicas a la seguridad de los EE.UU que Obama heredó –el Irán, Corea del Norte, el Iraq, el Afganistán, el Pakistán y el conflicto palestino-israelí– no ha conseguido prácticamente resultado político importante alguno.