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El leviatán financiero de EE.UU.

BERKELEY – En  el año 1950, según las estimaciones del Departamento de Comercio de EE.UU., el sector financiero y de seguros en Estados Unidos representaban el 2,8% del PIB. Hasta el año 1960, dicha proporción había crecido hasta el 3,8% del PIB, y había alcanzado el 6% del PIB en el año 1990. En la actualidad representa el 8,4% del PIB, y dicha proporción no está en descenso. Justin Lahart de The Wall Street Journal informa que la proporción en el año 2010 fue mayor que la proporción pico del año 2006.

Lahart continúa sus apreciaciones indicando que el crecimiento de la proporción del sector financiero y de seguros de la economía “no ha sido, por lo general, una mala cosa... Al desplazar capital a lugares donde puede ser utilizado de mejor manera, se ayuda a que la economía crezca...”

Pero si EE.UU. estuviera obteniendo un buen valor a cambio del 5,6% adicional del PIB que ahora gasta en  finanzas y seguros – es decir, por los $750 mil  millones extras que se desvían anualmente de lo que hubiese estado destinado a pagar a personas que fabrican directamente bienes útiles y proporcionan servicios útiles – dicho valor se mostraría de forma obvia en las estadísticas. A una típica tasa anual del 5% de interés real para flujos de efectivo riesgosos, desviar una porción tan grande de recursos alejándolos de los bienes y servicios con utilidad directa este año sería un buen negocio únicamente si ello impulsa el crecimiento económico anual general en un 0,3%  – es decir, en un 6% por el periodo de una generación de 25 años.

La economía de EE.UU. atravesó en el último par de generaciones por muchos shocks, y muchos factores aumentaron o disminuyeron el crecimiento económico. Mas no es obvio que hoy en día la economía de EE.UU. sería un 6% menos productiva si se hubiera mantenido el sistema financiero y de seguros del año 1950, en lugar del que ha prevalecido durante los últimos 20 años.