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¿Hasta cuándo seguirán echándole la culpa a China?

NEW HAVEN – Con la cercanía al cierre de la campaña electoral en Estados Unidos, el debate parece haberse desquiciado. Nada lo evidencia tan a las claras como la obsesión de ambos candidatos con China: tanto el presidente Barack Obama como su competidor republicano, Mitt Romney, la señalan como una de las principales causas de la presión a la que están sometidos los trabajadores estadounidenses y sus familias. En los debates previos a la elección presidencial, los dos candidatos insistieron en lo mismo: para aliviar las dificultades de Estados Unidos, debemos ponernos firmes con China.

Pero la verdad es totalmente distinta. Analicemos las siguientes acusaciones:

Manipulación cambiaria. Desde que en julio de 2005 China modificó su régimen cambiario, el renminbi aumentó un 32% en relación con el dólar y cerca del 30% (en valores ajustados por la inflación) respecto de una canasta amplia de divisas. Son cifras para nada desdeñables, y en los próximos años cabe esperar que el renminbi siga apreciándose.

A diferencia de Japón, que en 1985 cedió a las presiones de Occidente y permitió una gran revaluación del yen (tras lo que se conoce como el “Acuerdo del Plaza”), los chinos han optado por ir despacio y con cautela. Los funcionarios estadounidenses lo llaman “manipulación”, porque según ellos, si se dejara actuar libremente a las fuerzas del mercado, la apreciación del renminbi sería mucho más pronunciada. Pero los chinos, con su obsesión por la estabilidad (concepto ajeno a los políticos y funcionarios estadounidenses), prefieren tener un papel más activo en el proceso de ajuste de su moneda. Yo a eso lo llamo prudencia, y tal vez incluso sabiduría. Quizá nuestro conejillo de Indias (Japón), después de las dos décadas que perdió, pueda decirnos algo acerca de cuál método funciona mejor.