Los anti-ambientalistas de Estados Unidos

Como norteamericano, estoy apabullado, avergonzado y desconcertado por la falta de liderazgo de mi país frente al calentamiento global. La evidencia científica sobre los riesgos aumenta día a día, como lo documentó recientemente el magistral Informe Stern de Inglaterra. Sin embargo, a pesar del hecho de que Estados Unidos es responsable de aproximadamente el 25% de todas las emisiones globales de carbono producidas por el hombre, los norteamericanos muestran muy poca voluntad o inclinación para atemperar su consumo maníaco.

La primera administración de George W. Bush probablemente hizo lo correcto cuando se negó a firmar el llamado “Protocolo de Kyoto”, aunque por las razones equivocadas. Entre otros problemas, el Protocolo de Kyoto no hace lo suficiente a la hora de redistribuir los derechos de emisión de carbono hacia los países en desarrollo. Pero, ¿por qué Estados Unidos no puede proponerse aumentar los impuestos a la nafta y otras fuentes de emisión de carbono como las plantas energéticas que queman carbón? No es porque el gobierno de Estados Unidos, que tiene un gigantesco déficit a pesar de un apogeo económico, no necesite el dinero.

Mucha gente parece pensar que la administración Bush es el problema. Pongan a un petrolero de Texas y a sus amigos a cargo y ¿qué esperan? ¿Conservación? Desafortunadamente, ésa es una excusa fácil.

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