0

Arabia ambivalente

Una ola democrática parece estar recorriendo el mundo árabe. Incluso las tradicionales monarquías y emiratos árabes están cambiando a su paso. Kuwait ahora permite que las mujeres voten; Qatar ha iniciado un ambicioso programa de reformas; Bahrain ha dado muestras de tolerancia hacia manifestaciones masivas; y los EAU están permitiendo algo parecido a la prensa libre. Pero Arabia Saudita sigue desconfiando de cualquier tipo de cambio y por ello es un obstáculo enorme y aparentemente inamovible para una reforma que abarque a toda la región.

Si bien la familia reinante saudita, los al-Saud, está bajo una gran presión para seguir el ejemplo de sus vecinos, la resistencia interna a hacerlo sigue siendo muy fuerte. Así, los al-Saud han adoptado el rostro de Jano: volteando hacia un lado, la familia real alienta a los reformistas demócratas a que se expresen; volteando hacia el otro, los encarcela cuando lo hacen.

El 15 de mayo, en un juicio cerrado sin representación legal para los acusados, tres destacados reformistas – Ali Al Dumaini, un reconocido periodista y poeta y los profesores universitarios Abdullah Al Hamid y Matruk al Falih – fueron condenados y sentenciados a penas de prisión que van de los seis a los nueve años. Su delito fue hacer llamados por una monarquía constitucional. El veredicto oficial dice que amenazaron la seguridad nacional, desafiaron a la autoridad e incitaron a la opinión pública en contra del Estado utilizando terminología "extranjera", es decir, occidental.

Poco después de los ataques terroristas de septiembre de 2001 en los Estados Unidos, estos reformistas liberales se unieron a otros 160 profesionistas para redactar y firmar una petición dirigida al príncipe heredero Abdullah en la que solicitaban reformas. La petición hacía un llamado a que la monarquía funcionara dentro de límites constitucionalmente definidos y por un poder judicial independiente.