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¿Sin novedad en el frente burundés?

Como sus vecinos Congo y Ruanda, Burundi es un país marcado por la guerra. Sur problemas no han concitado la atención mundial en los últimos años, probablemente debido a que los rebeldes de Burundi no han caído en el atroz salvajismo que se ha visto en sus vecinos. Pero, a diferencia de ellos, este año puede convertirse en una encrucijada decisiva para Burundi. Gracias a los acuerdos entre los rebeldes y el gobierno, a cuya intermediación contribuyeron Nelson Mandela y el vicepresidente sudafricano, Jacob Zuma, Burundi ahora puede alejarse definitivamente de las luchas civiles o arriesgarse a volver a la política del machete que, por más de una década, ha asolado la región de los Grandes Lagos de África.

Desde su independencia de Bélgica en 1962, Burundi ha sufrido cinco episodios de una misma guerra civil. Cerca de 600.000 personas han sido asesinadas y cientos de miles se han convertido en refugiados.

Muchos describen la guerra como el resultado del odio entre la mayoría hutu y la minoría tutsi. Pero esto no explica por qué estos grupos supuestamente se odian tanto. La homogeneidad cultural y lingüística de Burundi, poco común en África, desmiente la visión simplista de que los hutu y los tutsi luchan porque son muy diferentes.

De hecho, la mayoría de los países son mucho más heterogéneos que Burundi pero nunca han caído en una guerra étnica. Para comprender la dinámica del conflicto en Burundi, necesitamos examinar tres causas básicas.