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La hipocresía de la prohibición en la India

NUEVA DELHI – El mes pasado murieron 18 personas en el distrito Gopalganj, en el estado Bihar, después de consumir alcohol ilegal, destacando —una vez más— la peculiar relación entre la moralidad y la tragedia en la India. Las víctimas se envenenaron porque en abril de este año, en un ataque de moralismo, Bihar adoptó una ley draconiana que prohíbe la venta, posesión y el consumo de alcohol. No es ni remotamente la primera vez que una prohibición de este tipo termina mal.

En un país donde el héroe nacional es el santo Mahatma Gandhi, quien consideraba al alcohol como algo absolutamente diabólico, beber siempre conllevó un tufillo de deshonra. La Constitución de la India, en sus Principios Directivos no ejecutables, insta a los indios a trabajar en pos de la prohibición, y el gobierno no sirve alcohol ni siquiera en los banquetes de estado y las recepciones oficiales. Cuatro de los 29 estados indios (Bihar, Gujarat, Manipur y Nagaland) y un territorio de la unión (Lakshadweep o islas Laquedivas) están intentando implementar actualmente la prohibición total.

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Pero mantener una política de prohibición generalizada es difícil desde hace mucho en la India. En Manipur, en 2002, la prohibición de 1991 fue eliminada en cinco distritos de las áreas de la colina, donde el consumo de alcohol es una tradición local desde hace siglos. Lakshadweep hace una excepción con una isla deshabitada, donde se permite que un centro turístico tenga un bar. Cuando era niño, lo que entonces era Bombay, disculpaba a quien contara con una nota de un médico que confirmara su alcoholismo. (Los ejecutivos adinerados tropezaban para ser catalogados como alcohólicos).

El estado que mejor ilustra el atractivo y los escollos encuentra ese tipo de moralismo es Kerala, que anunció en 2014 una prohibición parcial de la venta de alcohol para pasar a su prohibición total en 10 años. Viene perdiendo terreno desde entonces.

Kerala es un estado costero, percibido desde hace mucho como un paraíso turístico, una reputación que sin dudas se ha mantenido a flote en un mar de libaciones al alcance de la mano. Antes de la prohibición, Kerala contaba con una distinción que no necesariamente implicaba un cumplido: el mayor consumo per cápita de bebidas alcohólicas en la India. Pero en la India, donde la prohibición es popular en muchos sectores del electorado, a los políticos les resulta especialmente difícil resistir el impulso —con pretensiones de superioridad moral— de mejorar a sus conciudadanos.

Por lo tanto, el gobierno de Kerala introdujo la prohibición y, al principio, muchos la aprobaron. Las influyentes iglesias cristianas aplaudieron la decisión, al igual que los partidos políticos afiliados al cristianismo. El liderazgo musulmán de Kerala, incluida una aliada de la por entonces coalición en el gobierno, la Liga Musulmana de la Unión India, también hizo oír su voz de apoyo. Las mujeres de la clase trabajadora, cansadas de ver a sus maridos dilapidar sus salarios mensuales en empinar el codo, también dieron la bienvenida a la decisión, al igual que los tradicionalistas, gandhianos y otros moralistas, que India posee en abundancia.

Ninguna figura pública trascendente en Kerala se opuso a la decisión. Cualquier político que hubiera podido haberse sentido inclinado a ello sabía que instantáneamente hubiera sido tildado como incondicional del alcohol maldito, agente de la "mafia del licor", amante de los bares y enemigo de los buenos y saludables valores gandhianos.

Pero había buenos motivos para oponerse a la prohibición, motivos que nada tenían que ver con la religión, la moralidad y el alcoholismo. Los impuestos al alcohol representan el 22 % de los ingresos del Estado, que mantienen generosos programas de bienestar en Kerala, el estado con los mejores indicadores de desarrollo social en la India. Otro 26 % de los ingresos estatales proviene del turismo, que ciertamente también sufriría.

Además, gran parte de la viabilidad económica de Kerala depende de los dinámicos sectores del conocimiento y los servicios. Atraer el talento y la inversión del extranjero sería mucho más difícil si la prohibición redujera la calidad de vida en ese estado. (Los profesionales de las TI en Bangalore, en el estado vecino de Karnataka, se congregan en los bares y pubs de esa ciudad después de las muchas horas de trabajo).

Los líderes de Kerala debieran haber sabido que su estado no podía darse el lujo de dejar de lado al alcohol fácil de conseguir y fuertemente gravado con impuestos, pero de todas maneras comenzaron a implementar la política.

Casi inmediatamente, 20 000 personas que trabajaban en bares y destilerías perdieron sus puestos de trabajo, en un estado que ya tiene dificultades por el elevado desempleo. Los operadores turísticos sufrieron cancelaciones y los posibles visitantes decidieron cambiar sus destinos a Sri Lanka o Goa; el 50 % de las reservas existentes para convenciones fueron canceladas. Y las empresas de TI que evaluaban mudarse al estado de Kerala, limpio, verde y favorable a la tecnología, expresaron su preocupación por la política de prohibición.

No pasó mucho antes de que el gobierno de Kerala decidiera que la prohibición sólo se aplicaría a las bebidas de alta graduación, y los bares cerrados pudieron volver a abrir como vinerías y cervecerías. Pero eso no fue suficiente para salvar al gobierno en las elecciones estatales de junio, que produjeron un nuevo gobierno comunista que, promoviendo la educación sobre los males del alcohol en lugar de su prohibición, ha prometido revisar esa política.

Kerala ya no se precipita hacia el desastre por querer salvar a la gente de sí misma, pero nunca debió haber llegado tan lejos, considerando la experiencia que otros estados tuvieron con la prohibición, donde la caída de la recaudación y el aumento del crimen (incluido el contrabando, la evasión fiscal y la producción ilegal de licores) obligaron a revocarla. Cuatro estados —Andhra Pradesh, Haryana, Mizoram y Tamil Nadu— han revocado políticas de prohibición.

Ciertamente, no todos pierden con una política de este tipo. Cuando Kerala anunció sus planes, la corporación de bebidas alcohólicas TASMAC, con sede en la vecina Tamil Nadu, declaró rápidamente su intención de abrir una cadena de nuevas tiendas a lo largo de la frontera estatal para atender la demanda de los consumidores keralanos. En otras palabras, los impuestos internos de Kerala pasarían a las arcas de Tamil Nadu.

Prohibir el alcohol en la India ha resultado económicamente devastador, sin embargo, los políticos continúan usando la promesa de la prohibición para ganar votos. Cuando se llamó a elecciones en Tamil Nadu a principios de este año, su primera ministra se declaró a favor de la prohibición. Después de ganar la elección, sin embargo, todos esos comentarios se disolvieron discretamente.

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A mi difunto padre le gustaba decir: "India no sólo es la mayor democracia del mundo; también somos la mayor hipocresía del mundo". Supongo que podemos brindar por eso.

Traducción al español por Leopoldo Gurman.