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AIPAC se derrumba

MADRID – El poder de cabildeo del Comité israelí-estadounidense de asuntos públicos (AIPAC, por sus siglas en inglés) de los Estados Unidos es innegable. Sin embargo, la supuesta habilidad de AIPAC para controlar la toma de decisiones estadounidense es una leyenda intencional que ha sido fomentada por seguidores y rivales por igual. De hecho, gracias al primer ministro israelí Binyamin Netanyahu la influencia de AIPAC está en riesgo –aunque esto no afectaría en sí al propio Netanyahu.

Las argumentaciones sobre la influencia de AIPAC han configurado durante mucho tiempo el análisis de la política exterior estadounidense. Por ejemplo, en el destacado ensayo de Steve Walt y John Mearsheimer, “El grupo de cabildeo israelí” se sostenía que AIPAC había diseñado la guerra de Irak. No obstante, la realidad es mucho menos siniestra: en dicho ejemplo, AIPAC solo tomó ventaja de las tendencias de invasión que desencadenó el presidente, George W. Bush, mediante sus dictados mesiánicos, y el vicepresidente, Dick Cheney, el mayor cabildero en favor de la guerra.

La verdad sobre AIPAC de que es influyente pero no invulnerable –ha sido revelada recientemente, tanto al público como al grupo en sí. AIPAC inducido por Netanyahu a pelear una guerra sin probabilidades de éxito contra la administración del presidente estadounidense, Barack Obama, debido al acuerdo nuclear concluido con Irán, ahora se está derrumbando con el peso de su propia arrogancia.

De hecho, AIPAC nunca pudo vencer la oposición resuelta del presidente estadounidense en torno al asunto de la seguridad nacional estadounidense. Fracasó en sus intentos de detener al presidente Jimmy Carter de vender aeronaves caza, F-15, a Arabia Saudita en 1978, o de impedir a Ronald Reagan el suministro de aeronaves de detección temprana (AWACS) a los sauditas tres años después. Además, salió derrotado en su batalla de 1991 con el presidente George H.W. Bush en el intento de vincular las garantías de crédito estadounidenses de crédito con el primer ministro israelí, Yitzak Shamir, para respaldar la Conferencia de Paz de Madrid de 1991 –uno de los legados principales de Bush.