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Ética y agricultura

MELBOURNE – ¿Deberían los países ricos –o inversionistas que operan ahí– comprar tierras de cultivo en países en desarrollo? Esa pregunta es objeto de estudio en el informe, Operaciones transnacionales de compra de tierras de cultivo en los países en desarrollo, que publicó el año pasado el consorcio de institutos de investigación europeos y organizaciones no gubernamentales, Land Matrix Partnership.

En el informe se muestra que desde el año 2000, inversionistas u organismos del Estado de países ricos o emergentes han comprado más de 83 millones de hectáreas (más de 200 millones de acres) de tierras de cultivo en los países en desarrollo más pobres. Esto representa el 1.7% de las tierras de cultivo mundiales.

Gran parte de estas compras se han hecho en África, entre las cuales dos tercios se han realizado en países donde el hambre es generalizada y las instituciones para formalizar la propiedad de la tierra a menudo son deficientes. Tan solo las adquisiciones en África representan un área de tierras de cultivo del tamaño de Kenia.

Se ha alegado que los inversionistas extranjeros están comprando tierras ociosas; por lo que al ponerlas a producir, las compras aumentan la disponibilidad de alimentos en general. Sin embargo, el informe del Land Matrix Partnership determinó que esto no es así: aproximadamente el 45% de las adquisiciones de tierras de cultivo existentes y casi una tercera parte de las tierras adquiridas se forestaron, lo que indica que su desarrollo puede plantear riesgos para la biodiversidad.