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Réplicas desde el Japón

NEW HAVEN – La devastación, humana y material, provocada por el terremoto y el maremoto en el Japón es insondable. En este momento resulta imposible calibrar la magnitud exacta de los daños con grado alguno de precisión, pero, aun así, podemos empezar a evaluar sus potenciales efectos indirectos en el resto de Asia y en otras economías de todo el mundo.

La opinión de estrechas miras sobre las repercusiones económicas de la catástrofe es la de que el Japón ya no importa en realidad. Al fin y al cabo, más de veinte años de un crecimiento inhabitualmente lento de la producción japonesa ha reducido en gran medida su repercusión progresiva en la economía mundial en general. El desastre puede tener algunos efectos desproporcionados en la cadena de suministro para las cadenas de montaje de automóviles y de tecnología de la información, como, por ejemplo, lápices de memoria, pero semejantes interrupciones serán por lo general transitorias.

En apariencia, las dos mayores economías del mundo tienen pocos motivos para temer. El Japón representa sólo el cinco por ciento de las exportaciones de los Estados Unidos y el ocho por ciento de las de China. En el caso peor, el de una completa alteración de la economía japonesa, las repercusiones directas en las economías de los Estados Unidos y de China serían pequeñas, al recortar no más de una décimas de punto porcentual de sus tasas de crecimiento anual.

Dentro de las llamadas economías desarrolladas del G-10, Australia es la que más expuesta esta a las repercusiones de lo sucedido en el Japón, pues este último es el destino del 19 por ciento de sus exportaciones totales. La zona del euro está en el extremo opuesto del espectro, pues sus exportaciones al Japón representan menos del dos por ciento del total.