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Después de la guerra contra el terrorismo

NUEVA YORK – Los lineamientos básicos de la estrategia de política exterior de Barack Obama quedaron claros en 2009. Su administración cree que Estados Unidos debería hablar con otros gobiernos aunque esté profundamente en desacuerdo con su carácter. Prefiere actuar con otros países que accionar por cuenta propia. Y ha virado el foco de la política exterior norteamericana de lo que los países hacen fronteras adentro a cómo actúan fuera de ellas.


Todo esto diferencia a Obama de su antecesor inmediato, George W. Bush, cuya administración catalogó a determinados países como malvados y básicamente se negó a tratar con ellos; muchas veces rechazó la cooperación con otros gobiernos, para que Estados Unidos no se viera restringido; e intentó transformar a otros países, en lugar de influir en sus acciones. Cualquier paralelo entre la política exterior de Obama y la de Bush tiene más que ver con el padre, el presidente número 41 de Estados Unidos, George H.W.Bush.

La diplomacia, por supuesto, no debería ser vista como un favor o una concesión que señala "blandura". Obama, con toda la razón, reconoce que es una herramienta importante de la política exterior, que debe ser empleada cuando promete resultados más favorables que las alternativas.

Obama también tiene razón de que actuar en concierto con otros es casi siempre deseable. Los desafíos que más definen esta era -proliferación nuclear, terrorismo, cambio climático global y enfermedades pandémicas- sólo se pueden enfrentar de manera colectiva. Es más, la realidad es que Estados Unidos hoy está demasiado expandido económica y militarmente como para tener éxito si confía exclusivamente en sus propios recursos.